Mundial de Clubes 2015

La madrugada del 6 de Agosto de 2015 nos encontró caminando bajo la lluvia a mi gran amigo Alan y a mi, decididos a viajar a Japón para ver a River en el Mundial de Clubes, mientras hacíamos el recorrido desde la cancha hasta la estación de Barrancas de Belgrano, donde siempre tomamos el colectivo.

Ya conté como fue la planificación del viaje, dividido entre las vacaciones con mi novia a Londres y París y el viaje a Japón con mis amigos.

Para el partido de la semifinal contra el equipo japonés Sanfrecce Hiroshima retiramos las entradas por la mañana en el estadio y nos fuimos a recorrer Osaka junto con Dani y Nico. La tarde anterior se había realizado un banderazo en la zona de Dotonbori, al que no pude ir por estar viajando.

Estadio de la semifinal

Antes de ir para el estadio me junté con Alan y los chicos con los que estaba en el hostel, tomamos el subte hasta la estación Nagai, que queda muy cerca de las instalaciones del Estadio Nagai, con una capacidad para más de 45000 espectadores y donde hace las veces de local el equipo Cerezo Osaka, de la primera división japonesa. Dentro del subte todo era alegría y cantos de parte de los hinchas de River y sorpresa, junto con algo de miedo y asombro de los residentes locales que utilizaban el medio de transporte. Algunos se bajaban, otros miraban asombrados y sonrientes, otros también filmaban todo lo que ocurría allí adentro.

En el ingreso a la tribuna me encontré con Nico, que se sumó a nosotros y nos acomodamos en la parte alta de la tribuna, cerca de la zona media donde por lo general se ubican los barras, pero algo alejados. De más está decir que las entradas eran numeradas, cosa que en Argentina no se utiliza, por lo que los japoneses iban buscando sus lugares entre nosotros, cosa de la que desistían y terminaban ubicándose en cualquier lugar.

Vivimos el partido de una manera única, totalmente eufóricos por lo que estábamos viviendo, con mucho nerviosismo por lo difícil que fue el partido, con un actor protagónico del lado de River como lo fue el arquero, Marcelo Barovero. El desahogo llegó finalmente en el minuto 72 con el único gol del partido, convertido por Lucas Alario. Desde ese momento todo fue alegría y emoción, tanto que nos quedamos cantando en las tribunas hasta una hora después de que el partido finalice.

De vuelta en el departamento, junto con Nico y Willy vimos el resumen del partido por televisión, obviamente en japonés. A la mañana siguiente Nico trajo unos diarios para que guardemos como recuerdo de lo vivido. Al otro día nos fuimos para Tokio en el famoso tren bala.

El día anterior al partido de la final se hizo un banderazo en el Yoyogi Park de Tokio, con unas diez mil personas de River. Esa misma noche y antes de irnos a bailar a Roppongi, armé mis valijas porque había planeado muy mal la vuelta, debía levantarme antes de las 6 de la mañana para llegar a tiempo al aeropuerto. Con Nico y Willy fuimos hasta la estación de Shinagawa, ellos combinaron con otro tren para ir hasta Yokohama y yo dejé mi equipaje en unos lockers hasta el día siguiente, ya que desde esa estación podía tomarme un tren hasta el aeropuerto de Haneda.

Una vez que lo hice me tomé el tren hasta Yokohama para encontrarme nuevamente con Nico y Willy, ellos ya habían comido algo y yo fui a un Subway para almorzar. Caminamos unas diez cuadras, mezclados entre hinchas de River, algunos de Barcelona y muchos japoneses con los colores del equipo español. Teníamos ubicaciones diferentes, pero habíamos decidido ir los tres juntos, ya que no había mucho problema para ingresar al estadio y nos podíamos sentar casi en cualquier lado. El Estadio Internacional de Yokohama tiene lugar para unas 72000 personas y es la sede del Yokohama Marinos, de la primera división japonesa.

Ingresando a la final

El partido fue prácticamente un trámite para uno de los mejores Barcelona de la historia, pero más allá de eso disfrutamos mucho de todo lo que pasaba, los 20000 hinchas de River que fuimos supimos lo difícil que sería e igual nos aferramos al sueño de ganar. Personalmente fue un partido especial, lleno de sensaciones y emociones, estar ahí en ese momento, con tantas cosas que habíamos pasado antes, algunas lágrimas se me cayeron, no eran de tristeza por perder sino de felicidad, de acompañar a mi equipo hasta el otro lado del mundo, mucha gente no lo entiende, pero los que estábamos ahí y los miles que no pudieron ir más toda la cantidad alrededor del mundo que ha hecho eso o desea hacerlo, sabe que es algo que no se puede explicar.

Salimos y logramos tomar uno de los últimos trenes a Tokio, igualmente llegamos tarde, cerca de la 1 de la mañana. Poco antes de las 6 me desperté gracias a que mi novia me mando muchos mensajes después de haber apagado la alarma, salí con algo de retraso de lo que estipulaba. Bajé en Shinagawa, busqué mis valijas y fui corriendo para tomar el tren al aeropuerto. Después de una interminable fila para despachar el equipaje, abordamos con algo de retraso el avión.

La escala era nuevamente en Beijin/Pekin, tenía poco más de una hora para subir al otro avión con destino a Londres. Por esta demora casi pierdo el vuelo, nuevamente como a la ida, junto con otros dos hinchas de River llegamos corriendo hasta la puerta para abordar, con las puertas del avión ya cerradas. Después de algunas llamadas nos dejaron subir, pero nos avisaron que nuestro equipaje no alcanzaba a subir, cosa que tuvimos que aceptar. Por esto y por errores ya en el aeropuerto de Ezeiza, estuve una semana sin saber nada de mis valijas, hasta que fui personalmente a retirarlas, luego de que Air China no supiera que había pasado con ellas una vez que salieron de Londres con destino a Buenos Aires.

Conociendo Tokio

Nuestro viaje por Japón siguiendo a River continuó por la capital de este país, antes estuvimos por Osaka y Kyoto. River jugaría la final contra el Barcelona en Yokohama, al sur de Tokio, a poco más de treinta minutos de viaje en tren.

Con Nico y Willy salimos desde la estación Shin Osaka, alrededor de las 11 de la mañana. Subimos al Shinkansen (tren bala) hacia Tokio, que tarda aproximadamente tres horas en recorrer los cerca de 500 km que la separan de Tokio. Una vez adentro del tren me encontré con Flor y el grupo con el que ella estaba, tomamos y comimos algo rodeados de hinchas de River. En el trayecto se pasa por el famoso Monte Fuji, el pico más alto de Japón. Al llegar a Tokio tomamos un subte/metro hasta la estación Akihabara y desde allí hasta nuestro destino final en la estación de Asakusabashi.

Monte Fuji

Una vez instalados en el departamento salimos hacia uno de los barrios que mantienen la esencia más antigua de la ciudad, Asakusa. Allí se encuentra el templo Senso-ji, el más antiguo de todo Tokio. El mismo cuenta con varias construcciones, también una inmensa puerta de entrada conocida como Kaminari-mon, unos jardines con algunos de los salones y una pagoda de cinco pisos. La calle Nakamise conecta la entrada principal del templo con la segunda puerta de entrada conocida como Hanzo-mon, en ella hay numerosas tiendas donde venden gran variedad de artículos, desde souvenirs y alimentos, hasta ropa tradicional y artesanías.

Al otro lado del Río Sumida se encuentra la torre Tokyo Skytree, la construcción más alta de Japón con más de 630 metros, es una torre de radiodifusión, cuenta con restaurantes, un mirador a 350 metros y el ingreso cuesta ¥ 2100 (U$D 19.50 aproximadamente) y otro a 450 metros, cuesta ¥ 1000 (unos U$D 9.50) subir hasta allí. Desde cualquiera de los dos se obtienen maravillosas vistas de la ciudad, en todas las direcciones. Nosotros no hicimos tiempo, por lo que lamentablemente no fuimos.

Ya por la noche fuimos a cenar a la zona de Ginza, uno de los distritos comerciales más importantes de la ciudad, cuenta con boutiques de lujo y destacados restaurantes de sushi y bares. Por la época las calles estaban decoradas con luces navideñas. Personalmente no me gusta el sushi ni el pescado en general, a Nico tampoco, por lo que terminamos cenando en un restaurant de comida italiana. Willy nos odió por no comer pescado y siempre terminábamos comprando comida rápida, sándwiches y pizza. Ahí comimos pizza, unas papas fritas con queso y algo parecido a una milanesa, por la ubicación el precio fue un poco alto. Para terminar la noche fuimos a un bar estilo inglés, lleno de gente, en su mayoría turistas. Logramos encontrar un lugar y tomamos algunas cervezas antes de irnos. Llegamos algo tarde a Akihabara, que es famoso por sus tiendas de productos electrónicos, tiendas especializadas en manga, anime y videojuegos. Recorrimos un poco antes de volver al departamento.

Calles de Ginza

Al otro día nos fuimos temprano con Nico al centro comercial y financiero de Tokio. Compramos para desayunar en uno de los tantos Seven Eleven que hay y bajamos en la estación de Shinjuku, la más utilizada del mundo, por donde transitan unas tres millones de personas por día, caminamos rodeados de los inmensos rascacielos que inundan toda el área, llegamos al Ayuntamiento de Tokio, que cuenta con un mirador en cada una de sus torres a más de 200 metros de altura, el ingreso es gratuito y nosotros no pudimos ir porque era sábado y estaba cerrado. Otros rascacielos famosos de Shinjuku son el edificio Sompo y la torre Mode Gakuen Cocoon, entre otros. También encontramos el Templo Joen-ji, con un pequeño cementerio y contrastando con todos los edificios y luces de neón de la zona. Frente al Ayuntamiento se encuentra el Shinjuku Central Park, que al ser fin de semana contaba con un mercado de pulgas.

Caminamos hasta el cruce de calles más transitado del mundo, el Cruce de Shibuya. Pasan por sus calles alrededor de un millón de personas por día. Fue ahí, en el lugar de más conglomeración de gente de la ciudad, donde me encontré a Fabian, con quien había viajado a Osaka, después de hacer escala en China. En la plaza que se encuentra frente a la estación se encuentra la estatua a Hachiko, el perro más famoso de Japón.

Cruce de Shibuya

Junto con Nico y Fabian nos fuimos hasta el Yoyogi Park, donde se hizo otro banderazo con gente de River antes del partido con Barcelona, nos quedamos hasta que anocheció. Mientras estábamos ahí se nos sumó Willy. Cuando nos íbamos estuvimos cerca de una hora cantando en un cruce de calles, ya fuera del parque, con mucha gente de River. Pasamos por la Calle Takeshita, un paseo peatonal donde siempre hay mucha gente, tiene tiendas de moda, café y restaurantes.

Banderazo en Yoyogi Park

A la noche nos juntamos con Alan, Santi y unos chicos que estaban con ellos en el hostel, comimos algo y nos fuimos a Roppongi, que es el barrio para salir a la noche en Tokio. Hay gran variedad de bares, restaurantes y lugares para bailar. Terminamos en uno de los boliches luego de recorrer varios sitios que no nos convencieron. Adentro nos encontramos con más gente de River y nos fuimos a las 6 de la mañana, que es cuando los trenes empiezan a andar. Con Nico llegamos bastante bien al departamento, no como Willy que se quedó dormido en uno de los trenes y llegó hasta el aeropuerto de Narita, a una hora de viaje. 😝

Entrada al barrio de Roppongi

Al día siguiente era la final del Mundial de Clubes, pero eso queda para la próxima, junto con mis últimas horas en Japón y mi viaje de vuelta a Londres, que al igual que a la ida, fue para el olvido.

Unos días por Osaka y Kyoto

Una vez concluido mi viaje para el olvido desde Londres hasta Osaka, con escala en China, llegué al departamento que había reservado Nico, cerca de la estación Shin Imamiya, con él estaba Dani. Esperamos a que llegue Willy para ir a comprar para comer en un supermercado que teníamos cerca, la mayoría están abiertos 24 horas. Ya era tarde y lo que quedaba de comida estaba rebajado del precio original, para que la gente lo compre y no tengan que tirarlo o venderlo al día siguiente.

Supermercado 24 hs

Salimos a caminar con Nico y Willy cerca de la medianoche, ni bien salimos nos sorprendimos de ver las bicicletas en la vereda sin tener candados y muchas con un casco, sin nada de seguridad, cosa que en nuestro país es impensado. Llegamos hasta Dotonbori, donde habían hecho un banderazo los hinchas de River, es una de las principales avenidas de Osaka, que atraviesa todo el canal del mismo nombre. Me sorprendió la cantidad de gente que había en la calle a las dos de la mañana de un día martes, sacando a los hinchas de River, eran muchos japoneses en los diferentes locales que permanecen abiertos durante toda la noche, uno de ellos es Don Quijote, generalmente de muchos pisos de altura y que venden gran variedad de productos, desde alimentos, ropa, electrónica y muchas cosas más. Fue allí que tuve que comprar un pack de boxers porque mi valija no había llegado. Volvimos al departamento cerca de las 4 AM, el jet lag estaba pegando.

Al día siguiente era el partido entre River y Sanfrecce Hiroshima, por la semifinal del Mundial de Clubes. Por la mañana fuimos a buscar las entradas para el partido y desde el estadio fuimos, con Nico y Dani al Osaka Castle, un castillo que es el símbolo de la ciudad, ubicado en un predio de un kilómetro cuadrado. También es uno de los más conocidos y visitados del país oriental, el ingreso al parque cuesta ¥600 (unos U$S 5.50 aproximadamente) y gratis para menores de 15 años. Con este ticket se puede recorrer todo el predio, que además del castillo cuenta con una muralla de piedra que lo protege y un enorme pozo de agua. Allí también se alberga un museo de ilusiones mágicas, un santuario, algunos negocios de souvenirs, muchos jardines y una capsula del tiempo que enterraron en la Expo 70 que se realizó en la ciudad, para ser abierta en el año 2000.

Muralla y lago del castillo
Capsula del Tiempo

Dentro de la torre principal hay museos con muestras permanentes sobre la historia de la ciudad y otras exposiciones temporales, algunas dirigidas a los niños, en cada uno de los ocho pisos. En el octavo piso se encuentra el mirador, a 80 metros de altura, al que se accede pagando aparte antes del ingreso a la torre.

Castillo de Osaka

Al día siguiente junto con Nico y Willy fuimos en tren a Kyoto, la ciudad que alguna vez fue capital de Japón. Es conocida por sus numerosos templos budistas, jardines y palacios imperiales, santuarios y casas de madera tradicionales. Llegamos al mediodía y después de ir a un banco a cambiar algo de plata, tomamos otro tren y llegamos al castillo Nijo-jo, la entrada al lugar cuesta unos ¥1000 (cerca de U$S 9.50). Cuenta con diferentes palacios, salas con tradicionales tatamis y pisos de madera, jardines que los rodean y espectaculares construcciones antiguas. Está también la residencia imperial, el palacio Honmaru, que no está abierto al público, pero se pueden apreciar sus jardines. También hay un área de descanso, con venta de alimentos y souvenirs.

Al salir decidimos visitar un lugar mas, ya que al ser invierno y anochecer cerca de las 16.30, los templos cierran temprano. Nos subimos a un colectivo para dirigirnos hasta el Pabellón Dorado o Kinkaku-ji, como se lo conoce en japonés. La entrada es de ¥400 (U$D 3.75 aproximadamente), más barato que los anteriores. Al ingresar está el famoso pabellón, cuenta con tres pisos y está recubierto con hojas de oro puro. Frente a él hay un gran estanque y dentro de todo el predio se encuentran diferentes templos, jardines japoneses, antiguas construcciones que se mantienen hoy en día y se dice que es una manifestación del paraíso en la tierra pura en este mundo.

Cuando salimos ya casi había anochecido, así que decidimos ir al centro de la ciudad a recorrer un poco la parte moderna, paseamos por sus avenidas y vimos grandes negocios de reconocidas marcas, totalmente contrario a lo que habíamos visto durante el día. Nos cruzamos con otro grupo de chicos de River y terminamos los ocho en un bar viendo el partido de Barcelona y escuchando cumbia, con la aprobación de Yoshi, el dueño del lugar.

Logramos tomar uno de los últimos trenes a Osaka y fuimos hasta el hotel donde paraba el otro Nico, el que encontré en el avión, para buscar mis valijas que ya las habían entregado. Las retiré en la recepción ya que el no estaba y comimos unas pizzas en un restaurant ubicado antes de entrar al hotel, tomamos algunos tragos y volvimos al departamento en taxi, cerca de las 2 de la mañana.

Por la mañana nos fuimos hasta la estación de Shin Osaka para tomar el shinkansen (tren bala) hasta Tokyo.

Planificación y viaje a Japón

Todo comenzó una lluviosa noche de Agosto de 2015, más precisamente la noche del 5. Situación: River campeón de la Copa Libertadores. Objetivo: Ir a Japón, ver a River en el Mundial de Clubes.

La decisión más difícil fue organizarme entre viajar con mi novia o con mis amigos. Después de ofrecerle a mi novia ir a Japón y que ella no quisiera, entonces tuve que dividir el viaje en dos. La primera parte por Londres y París con mi novia, y la segunda parte era llegar a Japón a cumplir uno de mis sueños y el de mis amigos, el de ver a River jugar allí.

Luego de organizar la primera parte e informarle a mi novia de que debía volver sola desde Londres, cosa que no le gustó mucho, me puse a la búsqueda de pasajes para llegar a Osaka, la ciudad donde River jugaría el primer partido. Las opciones más económicas eran: Londres – Moscú – Osaka, por la aerolínea Aeroflot, con una escala en Rusia de 8 horas, con lo que llegaba justo al partido. La otra era: Londres – Pekín/Beijing – Osaka, por Air China, con escala de menos de una hora y media, llegando la noche anterior al partido, por lo que decidí optar por esta opción. Además de llegar antes, con Air China me salió más barato y la vuelta a Londres era desde Tokio, por eso me terminé de decidir con estas cosas a favor.

Ya con los vuelos confirmados, debía sacar las entradas para ver a River con las fechas que habían estipulado desde FIFA y el club, cosa que dependía exclusivamente de que tan bien funcionara internet. Otra cosa importante a sacar era el JR Pass, un pase multiuso que te permite viajar por todo el país en las líneas de tren y subterráneo JR, el Narita Express al aeropuerto y en la línea Shinkansen (tren bala), en mi caso lo saqué por una semana, que era el tiempo que iba a quedarme allí. También se puede sacar por 14 o 21 días y el canje del pase se hace directamente en Japón, yo lo hice en el aeropuerto Kansai de Osaka, al llegar.

Para estar conectados todo el tiempo, lo mejor es reservar un Pocket WiFi, hay muchos y a diferentes precios, el retiro también se puede hacer en el aeropuerto, pero al ser un dispositivo portátil hay que devolverlo antes de irse del país o en la fecha que ser reservó, sino lo siguen cobrando. Es muy útil para usar en grupos, como hicimos nosotros, ya que se pueden conectar varios al mismo tiempo y es más económico que sacar un chip para el celular, además se pueden conectar tablets, notebooks y hasta cámaras digitales.

Pocket Wi-Fi

Reservamos departamentos por Airbnb tanto en Osaka como en Tokio. En el primero éramos cuatro personas y en el segundo quedamos tres, aunque había lugar para uno más. Ya con todas las reservas hechas, pasajes comprados y todo arreglado, solo quedaba llegar al destino, cosa que no iba a ser tan agradable.

Después de despachar el equipaje y acompañar a mi novia a que vaya a abordar, fui para la terminal que me correspondía dentro del enorme aeropuerto de Heathrow. Mi idea no es hablar mal o recomendar ninguna aerolínea, por lo general elijo según el precio y otras por los beneficios de mis tarjetas. En el caso de Air China fue por el precio que decidí sacar el pasaje, pero no por esto significa que la experiencia pueda ser mejor o peor con ellos.

Desde el comienzo ya fue malo el viaje, los asientos se reclinaban muy poco, las opciones de comidas no eran muy llamativas y el entretenimiento a bordo era bastante malo. Más allá de las películas chinas por obvias razones, de las pocas que había en inglés tenían subtítulos en chino, algunas con el subtítulo en inglés, cosa que me permitió al menos ver algo, y al inspeccionar todo el catálogo encontré ¡una película argentina! subtitulada en chino, pero al menos me entretuve un rato.

La peor parte llegó en la escala, en Pekín/Beijing, era de solo una hora y veinte, por lo que debíamos hacer migraciones y pasar los controles muy rápido. Después de unos minutos llegué a migraciones, donde en un complicado inglés me dijeron que en Londres me cortaron mal el boarding pass, dejándome completo el de Londres-Pekín y me cortaron el del segundo tramo, por lo que no tenía el de Pekín-Osaka. Traté de explicarle que el avión salía en veinte minutos, pero igual insistió en que tenía que ir a los mostradores y pedirles un boarding pass nuevo. Me dieron un sticker con el logo de la aerolínea para pasar sin hacer fila nuevamente hasta migraciones.

Migraciones en China

Cuando llegué al mostrador, agitado por correr por toda esa zona, les expliqué lo que había pasado a las empleadas de la aerolínea que se quedaron unos segundos tratando de entender y una de ellas se puso a escribir a mano mi nuevo boarding pass muy rápidamente. Volví, mostré mi sticker y me dejaron pasar sin hacer fila. Crucé migraciones, pasé mi carry on por la máquina antes de ir a la puerta correspondiente de donde salía el avión. El aeropuerto era enorme, así que ni bien salí de la seguridad me di cuenta que estaba muy lejos de la puerta para abordar, así que me subí a uno de los carritos tipo de golf que te llevan por el aeropuerto, propina mediante, solo faltaba yo para abordar, así que ni bien llegué al micro que te lleva hasta el avión todos me miraron con ganas de matarme.

Apenas subí vi a Nico, lo había visto subir en Londres con un buzo de River, no lo conocía pero nos pusimos a hablar, hasta nos sentamos juntos en el avión, que no iba muy lleno y no hubo problemas para cambiarnos de asientos. Después del despegue pasó Fabián, otro hincha de River que nos vio y se quedó hablando con nosotros. Una vez que llegamos a Osaka las cosas no mejoraron, las valijas de Nico y las mías no habían llegado, por lo que hicimos el reclamo, cambiamos plata, activamos el JR Pass y nos fuimos al tren.

Mis valijas llegaron al hotel donde estaba Nico, porque como yo iba a un departamento de Airbnb, ninguno de nosotros iba a estar ahí cuando llevaran el equipaje a esa dirección, así que estuve dos días sin ropa para cambiarme, pero eso queda para la próxima entrada, de mis días en Osaka.