Venecia, dos días por sus canales

Continuando nuestro viaje de dos semanas por Italia, previo paso por Milán, nos dirigimos a la ciudad de los canales, capital de la región de Véneto, la hermosa Venecia. Estuvimos allí recorriendo y caminando por las minúsculas calles y callejones por dos días, más que suficientes para recorrer los lugares más emblemáticos.

Viñedos en el camino a Venecia

Partimos de la estación de Milano Centrale unos quince minutos antes de la una de la tarde, el tiempo de viaje en tren desde Milán a Venecia es de poco menos de dos horas y media. Como hicimos un cambio de planes en pleno viaje, los tickets los compramos unos días antes, por lo que salieron un poco más caro de lo normal, pero no fue tanto, unos €70 por los ambos. Los sacamos de la pagina Rome2Rio, muy útil para buscar las formas más económicas de viajar de un punto a otro y en diferentes medios de transporte.

Llegamos a la estación Santa Lucía, la última del recorrido, ya que termina dentro de una de las islas de la ciudad. Como llegábamos con equipaje y a dos semanas de haber iniciado el viaje, reservamos en un hotel cercano a la estación, para no andar acarreando todo por los canales, subidos a los vaporettos, que son los medios de transporte a través de los canales y las diferentes islas. El elegido fue el Hotel Belle Epoque, de un estilo clásico, con una decoración llamativa, como ambientada en los años 20, habitaciones no muy amplias, pero con excelente decoración. El desayuno estaba incluído, bastante raro por el precio (menos de €100 las dos noches), era bien variado y completo.

Aprovechando las pocas horas de luz que quedaban, dejamos las cosas y salimos a uno de los puntos más conocidos de la ciudad, la Piazza San Marco. Llegamos, una parte mirando el mapa en el celular y otra parte siguiendo los carteles que hay en cada esquina de las pequeñas calles y pasadizos. Algunos marcan la dirección a la plaza, otros a el puente Rialto y a otros lugares, para no perderse del todo. Más allá de ir un poco guiados por el mapa interactivo, es muy recomendable caminar por esos pasajes, cruzar diferentes puentes, encontrarse de la nada con tiendas de ropa, tanto de segunda mano como firmas de las más caras y exclusivas. Con una caminata de poco más de dos kilómetros, llegamos a la plaza, que cuenta en sus alrededores con la Basílica di San Marco, la cual además de darle el nombre a la plaza, es el principal templo católico de Venecia y su construcción comenzó en el año 1067.

También se encuentran allí diferentes museos, tiendas y restaurantes. Con casi 100 metros, en una de las esquinas de la plaza, se encuentra el Campanario de San Marco, otro de los íconos de la ciudad. Bajando un poco más, hacia la cuenca de San Marco, la laguna donde termina el Gran Canal, se puede ver la isla de San Gregorio Maggiore, que cuenta con la basílica dedicada al mismo santo. Una de las mejores opciones, si se cuenta con poco tiempo, es hacer algún Tour gratuito por la ciudad. Con la tarde cayendo emprendimos el regreso al hotel, otra vez zigzagueando por las calles, pasillos y puentes sobre los canales, para finalmente comprar unos sandwiches de milanesa de pollo para cenar, extrañamente en un bar irlandés, el Irish Pub Santa Lucia, con mucha onda.

Nuestro segundo y último día completo también fue exclusivamente caminando, decidimos ir hasta uno de los puentes mas famosos, el Puente Rialtto, es el más antiguo de los cuatro que cruza el Gran Canal, terminando su construcción en el año 1591. Un detalle de este puente es que, en ambos lados de sus rampas, cuenta con tiendas que venden desde souvenirs, hasta joyas y productos de cuero. Es una de las visitas obligadas en Venecia, además de que desde allí se llega bastante directo a la Piazza San Marco.

Otro de los puentes que cruzan el Gran Canal es el Ponte degli Scalzi (Puente de los descalzos), que se encuentra casi en frente de la estación de trenes y fue inaugurado en 1934. Siguiendo por el canal más importante de la ciudad, se encuentra el Puente de la Construcción, el más nuevo, inaugurado en el año 2008 y que une la zona de la estación de trenes con Piazzale Roma, único lugar de las islas en el que ingresan tanto automóviles como buses provenientes del continente. Junto con el Puente Rialtto y el Puente dell’Accademia, son los únicos cuatro que cruzan el Gran Canal.

La tarde-noche fue para caminar por la zona entre esos dos puentes, por lugares menos turísticos pero siempre rodeados por las típicas góndolas y embarcaciones de todo tipo, utilizadas para moverse por la ciudad. Terminamos comiendo pizza de la Trattoria Bella Venezia, que estaba al lado del hotel, porciones individuales porque eran muy grandes.

Algunas embarcaciones

A la mañana siguiente, después del desayuno, salimos del hotel a las 11 de la mañana para ir a tomar nuestro tren y seguir nuestra aventura, ahora por Florencia.

Milán, primera parada en Italia

Siguiendo nuestro viaje europeo, que empezó en Madrid, siguió por Marsella y Niza en Francia, con unas horas recorriendo Mónaco, las siguientes dos semanas las pasamos en Italia. La primera parada fue en Milán, la capital de la región de Lombardía, en el norte de la península itálica.

Comenzamos el día bien temprano a la mañana, saliendo del hotel en Niza poco después de las siete con dirección a la estación de tren, que estaba a unas dos cuadras. Nuestro tren salió 8:15 y el recorrido hasta la ciudad italiana dura poco menos de cinco horas. Uno de los mejores datos que puedo aportar es el de viajar del lado derecho del tren, ya que desde allí se puede apreciar, en parte, la costa del Mediterráneo en ambos países. Son varias las paradas que realiza el tren, pero el viaje es bastante llevadero, sobre todo en este horario que aprovechamos y desayunamos en el salón comedor. El precio total de nuestros pasajes fue de €30 y los sacamos en la web de TrenItalia.

Nuestro hotel estaba cerca de la estación de Milano Centrale, por lo que fuimos caminando. Llegamos un poco después de la 1 de la tarde al Hotel Terminal, dispuestos a dejar el equipaje y salir a conocer la ciudad, pero nos avisaron que la habitación estaba lista, así que aprovechamos y dormimos un rato. Inicialmente era una viaje de dos noches, ya que después de Milán íbamos a pasar una noche en Bologna, pero desistimos a último momento y nos quedamos un día más en la ciudad.

Terminal Central de Milán

Por la tarde salimos y nos tomamos el metro para llegar al Duomo di Milano (Catedral), una de las iglesias católicas más grande del mundo, que puede llegar a albergar 40.000 personas en su interior. La construcción de la misma tardó casi 600 años, inició en 1386 y terminada en 1965. Se encuentra emplazada en el centro de la ciudad, junto a la Piazza del Duomo y rodeada por tiendas de las más exclusivas marcas de moda, galerías y centros comerciales. Se puede visitar la iglesia, algunas exhibiciones y el museo, los tickets cuestan €10 el ingreso básico, o bien, €15 con acceso a la terraza de la catedral por escaleras o €20 si se realiza por ascensor.

Junto a esta plaza se encuentra la Galería Vittorio Emanuele II, que une la plaza del Duomo con la plaza della Scala, dos de las más importantes de la ciudad. Es conocida como El Salón de Milán y dentro se encuentran tiendas de marcas de lujo, tanto de ropa como de joyería, cafeterías y restaurantes. En medio de la galería hay una gran cúpula vidriada, que junto con los mosaicos del piso y las paredes hacen de ésta una decoración de altísimo nivel.

Entrada a la galería

Caminamos un poco más y fuimos descubriendo algunos lugares, perdiéndonos por las calles cercanas. Así fue como llegamos a la Basílica de San Carlo al Corso, construida entre 1832 y 1847. Emprendimos la vuelta, nuevamente en el metro, que nos dejó a unas tres cuadras del hotel. Para terminar nuestro día y demostrar que estábamos en Italia, decidimos cenar pizza!

A la mañana siguiente salimos a desayunar al mismo lugar en donde habíamos comprado la pizza la noche anterior. Nos tomamos el metro y fuimos a el Castello Sforzesco, que perteneció a la familia Sforza y actualmente alberga un museo de arte. El ingreso es gratuito y se puede visitar el museo también, es una muy buena opción para conocer esta construcción que data del siglo XV. Se ubica en el Parque Sempione, el más importante de Milán. Tiene más de 45 hectáreas, cuenta con un lago artificial, un acuario, un anfiteatro y el Arco de la Paz, construido para celebrar la paz de 1815. Ideal para alejarse del centro de la ciudad y descansar un poco.

Al salir del parque nos fuimos caminando hasta la Piazza del Duomo, en el camino paramos en una librería y compramos unos libros. Pasamos por la Piazza Mercanti, que fue creada como el centro de la vida de la ciudad en la edad media y está rodeada de edificios históricos, como la Casa dei Panigarola, el Palazzo della Regione, el Palazzo Giureconsulti y el edificio de la Assicurazioni Generali, entre otros. Unos pasos más y llegamos nuevamente frente al Duomo, volvimos a recorrer la plaza, que contaba con un mercado navideño típico de esas fechas. Cuenta con los típicos puestos de venta de chocolates, artesanías, comida y bebida, también una parte dedicada a los niños, donde puede conocer a Papá Noel.

Volvimos al hotel en metro, pasamos por el supermercado para comprar algunas provisiones, y compramos una pizza, pero con una variación árabe, una pizza kebab que estaba deliciosa. El último día completo en la ciudad fue para descansar, almorzamos en una famosa casa de comidas rápidas y recorrimos un poco cerca de la estación central de trenes, frente a ella se encuentra la Torre Pirelli, que es la sede del Consejo Regional de Lombardía y tiene en la última planta un mirador que se puede visitar, pero en pocas ocasiones durante el año.

Torre Pirelli

A la mañana siguiente salimos casi al mediodía del hotel, fuimos a la Estación Central de Milán y emprendimos viaje a la hermosa ciudad de Venecia.

Mónaco en unas horas

Una de las ventajas de viajar por Europa es la facilidad que hay para moverse entre países, ya sea por tierra, por aire o por vías. De esta forma, mientras estábamos unos días en la ciudad de Niza, aproveché que mi novia quiso quedarse a descansar en el hotel y me fui a conocer el segundo estado más pequeño del mundo, el Principado de Mónaco.

Edificios de la ciudad

Después de que tomáramos el desayuno, me dirigí directamente a la estación de trenes de Niza, saque el boleto de ida y vuelta antes de abordar, siempre hay lugar porque los trenes pasan cada veinte minutos uniendo las dos ciudades. El costo de los pasajes fue de €7.80 en total, nada desorbitado para conocer el lugar que concentra la mayor cantidad de millonarios por habitante en el mundo. El viaje dura al rededor de veinte minutos y las vistas desde el tren son espectaculares, ya que el recorrido es bordeando el Mar Mediterráneo.

Boleto a Mónaco

Para estar conectados durante nuestro viaje por Europa, decimos comprar antes de viajar, chips de datos que nos cubría casi todos los países por los que estuvimos. Digo casi todos porque Mónaco era uno de los que no entraban dentro de la cobertura, pero pude seguir conectado ya que la ciudad-estado ofrece Wi-Fi libre en toda la ciudad. Eso sí, es por tiempo limitado, en un principio es por dos horas. No me fue necesario volver a conectarme porque estuve poco más de ese tiempo por allí.

Vista desde el tren

Al salir de la estación de trenes de Monte-Carlo, me dirigí directamente al Port Hercule, uno de los puertos de Mónaco, repleto de yates de lujo y desde el cual se pueden tener grandes vistas de la ciudad. Antes de llegar, me crucé con la estatua del automovilista William Grover, que es una de las tantas que homenajean a diferentes conductores por todo el Boulevard Albert I, una de ellas es la de Juan Manuel Fangio, que no llegué a ver porque está ubicada del otro lado de la ciudad, aunque después viendo mi recorrido del día, noté que no había pasado tan lejos.

En el mismo Port Hercule, en el mes de Diciembre, se sitúa el mercado navideño de la ciudad, la Village de Noël, con casillas hechas en madera, que venden los típicos recuerdos de Navidad, comida y artesanías autóctonas. También cuenta con una pista de hielo, juego para los más chicos y una gran noria, que la llaman La Grande Roue de Monaco. Entré a recorrer el lugar, compre algunos regalos para mi novia y me senté a almorzar un pancho con una bebida, que me costaron €10, con la fiel compañía de una atenta paloma que esperaba que se me caiga algo para comerlo.

Emprendí viaje hacia uno de los puntos más conocidos del principado, el Casino de Monte-Carlo. En el camino hacia allí me crucé primero con la Iglesia de Santa Devota, la patrona de Mónaco. Es una pequeña, pero encantadora parroquia que cuenta también con un cementerio. La leyenda cuenta que una paloma guió a los fieles hasta el lugar donde se ubica la iglesia, para enterrar allí los restos de la santa. Siguiendo mi camino pasé por un lado del famoso Hotel París, que se encuentra frente a la Plaza del Casino, donde durante el año se realizan diferentes muestras y obras de arte, en el momento de mi visita había una recreación de un bosque nevado, debido a la estación invernal. El hotel anteriormente mencionado estaba en refacciones, por lo que el frente estaba cubierto con una gigantografía de como quedaría.

El Casino de Monte-Carlo, además del lugar especializado en juegos de azar, cuenta con el Gran Teatro de Monte-Carlo, una sala de ópera y una casa de ballet, que es la sede de los Ballets de la ciudad. Suele estar rodeado de autos de alta gama estacionados en la puerta. En sus alrededores hay gran cantidad de hoteles y residencias de lujo. En los jardines y paseos que se encuentran tras el casino y sobre el Mar Mediterráneo, además del Yatch Club monaguesco, se pueden encontrar diferentes obras de arte, el Auditorium Rainier III. un moderno teatro donde se celebran diferentes obras teatrales, charlas y conciertos de música clásica.

Uno de los eventos más importantes que se celebran en Mónaco, es el Gran Premio de Formula 1. En mi recorrido pude ver varios lugares que marcan el paso del automovilismo por aquí, desde las marcas y señalizaciones en la calle del recorrido por donde pasan los autos y locales alusivos al a la Formula 1. También se encuentran en las tiendas de recuerdos, muchos souvenirs con esta temática.

Tunel utilizado durante el GP de Mónaco

Para terminar mi visita, me quedé descansando en la Rue Princesse Caroline, una calle peatonal en el centro histórico, que cuenta con gran variedad de tiendas, bares y restaurantes. Es una zona muy pintoresca, cuenta con muchos pasajes y pequeñas calles que invitan a perderse por ellas y recorrerlas.

Mi recorrido duró poco más de dos horas, en los que pude conocer varias atracciones turísticas y de paso, anotar un país más a mi lista de los que he visitado. Volví a Niza y solo nos quedó tiempo para comer, la mañana siguiente abandonaríamos Francia, empezando nuestro viaje de dos semanas por Italia, comenzando en Milán.

Niza, capital de la Costa Azul francesa

Tras poco más de dos horas y media en tren desde Marsella, llegamos a la Costa Azul, más precisamente a la ciudad de Niza, capital del departamento Alpes Marítimos. Elegimos este medio de transporte, ya que nos permitía reservar un hotel cerca de la estación, ahorrar tiempo en los traslados y dinero, es que en ocasiones es más barato viajar en tren que en avión, porque permite llevar el equipaje sin un costo extra, como pasaría con las aerolíneas low-cost. También se puede ir viendo los paisajes y ciudades por las que pasa en el trayecto, no en nuestro caso, porque viajamos de noche. 😂 Ambos pasajes nos costaron €50 y dentro del tren, en el salón comedor, compramos unas cosas para cenar.

El hotel al que fuimos, estaba casi en frente de la estación de trenes, fue el Hotel Bristol, un hotel pequeño pero bien ubicado. Al llegar pagamos el city tax (una especie de impuesto al turismo) y el desayuno, que fue una buena y económica opción. El baño era bastante pequeño, pero nada que no se pueda soportar por unos días. Ya eran las nueve de la noche, por lo que sólo fui a comprar a un supermercado que teníamos en la esquina y no salimos esa noche.

Por la mañana y después de desayunar en el hotel, salimos por una de las calles principales, la Avenue Jean Médecin, por la cual se encuentran muchas tiendas de ropa, restaurantes y hoteles. Siguiendo por esta calle llegamos hasta la Vieille Ville o Ciudad Vieja, en español. Este barrio se caracteriza por tener las primeras construcciones de la ciudad, en su mayoría son casas bajas y se nota la diferencia con la zona más moderna, con edificios y construcciones más nuevas. Cruzando este barrio ya llegamos al Mar Mediterráneo, con sus aguas cristalinas y playas repletas de piedras. Paramos ahí a descansar, a mirar el mar y los aviones que pasaban, junto con varias gaviotas.

Si nos situamos mirando al mar, fuimos caminando hacia el lado izquierdo, un poco por el Paseo de los Ingleses (Promenade des Anglais), por el Muelle de los Estados Unidos (Quai des États-Unis), nombres con los cuales es conocido el paseo junto al mar, y otro poco por la playa. Llegamos hasta la Colina de Chateau, en la que se encuentran ruinas de un castillo que protegía Niza, desde el cual se pueden tener hermosas vistas de la ciudad y la costa. El recorrido cuenta con varios miradores, parques, torres de observación, capillas y hasta un pequeño local donde venden comidas, bebidas y recuerdos. Hay allí también una cascada, la cual mi novia vió desde abajo y estaba dispuesta a encontrarla. Se puede acceder a las partes altas, tanto caminando como por un ascensor, obviamente las mejores vistas se obtienen si se sube por el sendero a pie, puede ser un poco agotador, pero siempre hay algún lugar para descansar. En la parte superior cuenta con algunas pinturas que muestran la historia de la ciudad a lo largo de los años.

Al bajar nos dirigimos a la plaza Messena, nos sentamos a comer en un local de sándwiches y con vistas a la Fuente del Sol, una gran escultura inspirada en la Fontana de Neptuno, en la ciudad italiana de Florencia. Cuenta con cinco figuras de bronce que representan a Gaia, Marte, Venus, Mercurio y Saturno, provenientes de la mitología greco-romana, una gran escalinata y está rodeado por boutiques, hoteles y sitios de comida. Otra de las fuentes en esta plaza es la Fuente Espejo de Agua, que está al ras del piso, logrando esa apariencia de espejo, cuenta con diferentes chorros de agua, en los que la gente, durante el verano, suele meterse para refrescarse. Se realizan allí espectáculos de luces y música, junto con el agua.

Fuente del Sol

Es en esta plaza que durante la época navideña se emplaza el principal mercadillo de Navidad o Village de Noël, en francés, donde se recrea un pueblo de montaña, con casas pequeñas que producen artesanías locales. También cuenta con una pista de patinaje sobre hielo, juegos para niños, puestos de comida y bebida, un carrusel y una noria, desde la cual se puede ver la ciudad desde arriba. Tanto las plazas, como muchas de las calles principales de Niza, se encuentran iluminadas y adornadas con cosas típicas de estas festividades. Hay algunas muestras de esculturas de hielo, desfiles y conciertos. Ya entrada la noche caminamos por el Paseo de los Ingleses, pero para el lado que no habíamos ido, viendo los hoteles, restaurantes y casinos más exclusivos de la zona, ubicados frente al mar.

Al día siguiente desayunamos unos pretzels con café y chocolate caliente. Caminamos hasta la playa, nos quedamos un rato ahí y empezamos a caminar hasta el Faro de Niza, una construcción que sufrió diferentes cambios a lo largo de los años, el que está actualmente data del año 1952. En el camino pasamos por el Monumento a los Muertos (Monument aux Morts), ubicado en la parte posterior de la Colina de Chateau, hecho en reconocimiento a los nizardos muertos en la Primera Guerra Mundial. Pudimos ver un crucero en el puerto y tras una larga caminata llegamos a la base del Faro, justo sobre el agua del mar, desde donde se veía el puerto.

En nuestro último día completo en la ciudad, compré el desayuno en una famosa cafetería y luego de esto me fui en tren a Mónaco y recorrí un poco el principado, pero eso queda para otro posteo. Al volver de uno de los países más pequeños del mundo, almorzamos algo y nos quedamos descansando en el hotel, ya que a la mañana siguiente nos íbamos a Milán en tren.

Marsella, primera parada en la costa francesa

Continuamos nuestro gran viaje europeo por la ciudad de Marsella, en el sur francés y a la vera del Mar Mediterráneo. Desde Madrid nos tomamos un avión y llegamos por la tarde a la ciudad, teníamos reservados los tickets para ir en bus a la central de trenes, donde bajamos y tomamos un subte que nos quedaba cerca del hotel. El traslado nos costó poco más de €14 y varía el costo según la edad. Decidimos elegir esta opción para poder ver los paisajes por los que el bus hace su recorrido. También se puede llegar al centro en tren y el costo no varía mucho. El tiempo que se tarda en llegar desde el aeropuerto es más o menos entre 20 y 30 minutos en ambos casos.

El hotel al que fuimos es el Hotel Marseille Centre, que cuenta con una excelente ubicación, cerca del puerto viejo y el centro de la ciudad, además no tan alejado de la estación central de trenes, que era la forma en la que íbamos a seguir viaje. Al llegar pagamos por el desayuno, que no estaba incluido en la tarifa y el city tax, método muy utilizado para el turismo en Europa, el cual nos costó €0.30 por noche y por cada uno de nosotros.

Al salir ya eran cerca de las ocho de la noche y decidimos recorrer un poco hasta llegar al puerto viejo. Cerca del hotel se encuentra la Prefecture des Bouches-du-Rhône, un edificio público que alberga la residencia del prefecto, o gobernador, de la ciudad. Cuenta con una construcción de 7500 mts², con un frente de 90 metros de largo y 80 metros de profundidad, allí hay varias salas y sedes administrativas. Frente a este nace la rue Saint Ferréol, principal calle comercial y peatonal de la ciudad. Bajando un poco por la misma calle se encuentra el Palacio de Justicia del distrito y frente a este una fuente, es una zona bastante transitada por lo que está rodeado de restaurantes.

Al llegar al puerto vimos que era el lugar donde se realiza el mercado navideño, por lo que estaba toda la zona decorada con luces y motivos de la Navidad. Como en todo mercadillo de este estilo, se destacan los puestos de comidas bien calóricas, bebidas y regalos. También cuenta con actividades para los niños, donde pueden sacarse fotos y dejar su carta a Papá Noel.

La mañana siguiente, luego de desayunar en el hotel, salimos nuevamente en dirección hacia el puerto viejo, ya con la luz del día notamos lo lindo que era y la cantidad de barcos que habían atracados ahí. Por el margen derecho del puerto, al llegar al final, se encuentra la iglesia Saint Laurent y por una pasarela se conecta con el Fort Saint-Jean, un complejo militar que está compuesto por una capilla, una iglesia, un hospital y el palacio del comandante. El fuerte fue construido entre 1668 y 1671, es uno de los monumentos mas visitados de Marsella, además el ingreso es gratuito y se pueden visitar todas las instalaciones. Está conectado mediante una pasarela con el MuCEM, el museo de las civilizaciones europeas, que los tickets para ingresar cuestan €11. Las vistas hacia el Mar Mediterráneo y el puerto son hermosas. Ya pasado el mediodía, fuimos al mercado navideño, almorzamos unos panchos en pan baguette y de postre unos churros con Nutella.

En nuestro tercer y último día completo en la ciudad, teníamos la idea de ir hasta la Basílica de Notre-Dame de la Garde, pero el día estaba muy feo y lluvioso, por lo que no fuimos. Esta basílica se ubica a unos 150 metros sobre el nivel del mar, construida sobre una antigua fortaleza, y finalizada en el año 1864. La estatua de la Virgen con el Niño, de más de 11 metros de altura, enchapada en cobre dorado, se ubica sobre la torre más alta de la construcción, que también cuenta con un campanario. Al estar emplazada en una colina, es vista desde casi todos los puntos de la ciudad, un ícono de la misma.

Basílica de Notre Dame de la Garde vista desde el puerto

Como nuestros planes habían cambiado, por lo que volvimos hacia el puerto y esta vez caminamos por el margen izquierdo, hasta el otro fuerte que protegía la ciudad, el Fort Saint-Nicolas, frente al fuerte Saint-Jean. Fue inaugurado en el año 1660 y desde el año 1860 está dividido en dos por el Boulevard Charles Livon. La parte junto al mar es conocida como Fort Ganteaume, alberga el círculo militar y el comedor de oficiales, mientras que del otro lado se encuentra el Fort d’Entrecasteaux, solo una parte está abierta al público y el ingreso es gratuito, pero en el momento en el que fuimos no estaba abierto, no sabemos si por la hora, la fecha o el hecho de que estaba lloviendo. Al volver almorzamos en Oscar’s Bagles and Sandwiches, en el cual nos deleitamos con unos sandwiches.

Vista desde el Fort Saint Nicolas

Otra forma interesante de conocer Marsella, tanto en familia, como en pareja, es en el Petit Train de Marseille, que como su nombre lo indica, es un pequeño tren con tres pequeños vagones que recorre ciertos puntos de la ciudad. Tiene tres recorridos, uno que lleva hasta la Basílica Notre Dame de la Garde, pasando por los dos fuertes de la ciudad y algunos puntos altos desde donde se ve la isla Frioul, frente a la costa. El segundo recorrido es por la parte vieja de la ciudad, pasando por antiguos hoteles, iglesias y catedrales, una parada en el barrio Panier, con pequeñas calles, algunas peatonales y plazas, además de poder comprar artículos económicos de artistas de la zona, como pinturas y artesanías. El último itinerario que ofrece es solo para el verano, en las islas de Frioul, donde se puede conocer el Castillo de If y tener una gran vista de la bahía. Los tours tiene un costo de €8 y son de una hora de duración.

Por la mañana, tras tomar el desayuno y dejar nuestro equipaje en el hotel, salimos a almorzar algo antes de dirigirnos a la estación de trenes, donde llegamos poco después de las dos de la tarde y esperamos bastante hasta que llegara nuestro tren, que con un poco de demora llegó a las seis de la tarde y con el cual fuimos a nuestro próximo destino en la costa francesa, Niza.

Llegando a Madrid

En nuestro tercer viaje a Europa el itinerario fue un poco extenso, junto con mi novia decidimos probar suerte e irnos a vivir a España, más específicamente a Madrid. Por esto hicimos un viaje a modo de vacaciones, antes de quedarnos en la capital española, donde estuvimos poco más de siete meses. Ya que era la ciudad donde íbamos a quedarnos al finalizar el viaje, elegimos que Madrid sea el punto de inicio de esta nueva aventura de más de un mes de duración, diez ciudades, cinco países, muchos viajes en tren y avión.

Luego de nuestro vuelo, con escala en San Pablo, llegamos al aeropuerto de Barajas cerca del mediodía. Tomamos el metro desde allí hasta la estación de Tribunal. Para tomar el metro se debe sacar una tarjeta (similar a nuestra SUBE), que se puede hacer directamente desde las máquinas expendedoras ubicadas antes de ingresar a la estación, ubicada en el mismo aeropuerto. Esa tarjeta se puede recargar, tanto con efectivo como con tarjeta de crédito y débito. Se puede sacar un abono por diez viajes por poco más de € 12, muy conveniente si se va a utilizar este medio de transporte.

Reservamos un departamento por Airbnb, muy cerca de uno de los puntos más turísticos de la ciudad, la Gran Vía. El departamento estaba bien ubicado y contaba con una cocina completa, lavarropas y tele por cable. No era muy grande, pero suficiente para pasar algunos días en la ciudad. El edificio está sobre la Calle Fuencarral, una de las más transitadas del barrio de Malasaña, gran parte de ella es peatonal y está repleta de tiendas de moda, restaurantes y cafeterías.

La Calle Funcarral termina en la icónica Gran Vía, que además de los típicos restaurantes y tiendas, tiene sobre ella algunos de los edificios más importantes de la ciudad. Entre estos edificios se encuentra el Edificio Metrópolis, frente a este se encuentra el Edificio Grassy (el número 1 de la Calle Gran Vía), el Edificio Carrión, con su inconfundible publicidad de Schweppes, junto a la plaza del Callao y la Fundación Telefónica Madrid, entre otros. Justo a la salida de la estación Tribunal se encuentra el Museo de la Historia de Madrid, que documenta la historia de la ciudad desde sus origines. El ingreso es gratuito y vale la pena aprovecharlo.

Para terminar el primer día en Madrid, fuimos hasta otro de los puntos importantes, Puerta del Sol. Allí se encuentran algunos de los lugares más significativos de la ciudad. Frente a la plaza está la Real Casa de Correos, actualmente utilizado como la sede de la Presidencia de Madrid. En él está el Reloj de la Casa de Correos, el lugar desde donde se realizan las campanadas para recibir al nuevo año. Otro de los sitios aquí visitados es la estatua de El Oso y el Madroño, el símbolo de la ciudad. También se encuentra la placa del Kilómetro Cero, en la puerta de edificio anteriormente mencionado y es el punto desde donde comienzan todas las carreteras radiales españolas.

A la mañana siguiente desayunamos y almorzamos en el departamento, nos llenamos de energía y salimos a recorrer varios lugares y todos a pie. La primera parada fue en Plaza Mayor, una de las plazas más famosas, rodeada por edificios prácticamente iguales, por lo que es un espacio cerrado. Una de las entradas más conocidas es el Arco de Cuchilleros, además cuenta con otros ocho arcos de entrada. Como es costumbre nuestra, iniciamos el viaje en el mes de Diciembre, por lo que dentro de la plaza es donde realizan la feria navideña más tradicional, con más de 100 puestos que venden los típicos turrones, artículos navideños, comida y bebida, entre otros.

Junto a la plaza se encuentra el Mercado de San Miguel, que cuenta con más de cien años de historia, actualmente utilizado como centro gastronómico, con variedad de platos de todos los puntos de España. Bajando por la Calle Mayor podemos encontrar la casa de Calderón de la Barca, la Plaza de la Villa, rodeada por construcciones que datan del año 1600 y actualmente uno de ellos es sede del Ayuntamiento. Al final de esta calle se ubica la Muralla Árabe, que es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Frente está la sede del arzobispado de Madrid y la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Una vez que llegamos a la Calle del Bailén encontramos el Palacio Real de Madrid, la residencia oficial del rey de España. Se puede visitar tanto la residencia como las exposiciones que allí tienen, los precios de las entradas van desde los €6 hasta los €13, según la época en la que se visita. Se puede ingresar a la plaza de la Armería, desde donde se ve todo el palacio. Frente a este se encuentran los Jardines de Lepanto y el Teatro Real. Situados en la fachada norte del palacio se encuentran los Jardines de Sabatini, está abierto al público y es ideal para descansar un poco. Siguiendo por la misma calle y por último, llegamos hasta el Templo de Debod, un templo egipcio de más de 2000 años, dedicado a Amón de Debod y a Isis, fue donado por el gobierno de Egipto a España en 1968, en agradecimiento por la ayuda brindada para salvar los templos de Abu Simbel. Cuenta con un mirador desde el cual pudimos apreciar el atardecer. Antes de volver y tras haber caminado más de diez kilómetros, compramos unos burritos para cenar.

En nuestro último día completo en la ciudad, fumos a desayunar a Juicy Avenue, donde tienen gran variedad de comidas y bebidas. Caminamos hasta el palacio de Cibeles, un imponente edificio que es la Sede del Ayuntamiento de Madrid, frente a este se encuentra la Plaza de Cibeles, conocida por ser el punto de encuentro de los hinchas del Real Madrid para festejar sus títulos. Muy cerca de ahí está uno de los mejores lugares para visitar, el Parque de El Retiro. Frente a una de las entradas, la que está en la intersección de las calles Alcalá y Alfonso XII, se encuentra la Plaza de la Independencia y en ella la famosa Puerta de Alcalá, una de las cinco puertas reales con las que contaba Madrid.

Dentro de las 125 hectáreas que posee el Parque de El Retiro, cuenta con varios jardines, más de 15000 árboles, una rosaleda, diferentes fuentes y esculturas. Se destaca el Estanque Grande, en donde se pueden alquilar botes a remo o hacer un recorrido privado en barco. Uno de los lugares más visitados es el Palacio de Cristal, con una arquitectura de hierro y con vidrios en todos sus lados, incluido el techo. El ingreso es gratuito y generalmente se realizan muestras de arte en su interior, se suelen formar grandes filas para el ingreso, por lo que recomiendo tomarlo con mucha paciencia. También alberga un club polideportivo, una biblioteca municipal, puestos de comidas y bebidas, un centro cultural y gran cantidad de senderos para caminar y hacer ejercicios.

Por la tarde nos juntamos con mi amiga Soraya y su esposo Seba, fuimos al Museo del Jamón, un lugar indispensable donde ir y comer el verdadero jamón serrano y una buena tortilla española. Estuvimos un rato hablando y nos guardaron una valija para nuestra vuelta a la ciudad, lo que nos ayudó mucho a liberar peso en el viaje. Para terminar el día y recuperar unas cuantas calorías, cenamos en una casa de comida rápida. A la mañana siguiente compré el desayuno nuevamente en Juicy Avenue y lo comimos en el departamento. Cerca de las 11 de la mañana salimos para el aeropuerto para tomar un avión a Marsella, nuestro próximo destino.

BONUS TRACK

Como comenté anteriormente, estuvimos viviendo en Madrid por poco más de siete meses, lo que me permitió conocer otros lugares de la ciudad que fui conociendo mientras realizaba trámites, compras por los diferentes barrios en los que estuvimos, entrevistas o caminatas para perder un poco de tiempo antes de entrar a trabajar o en mis días libres, por lo que dejo algunas fotos de diferentes lugares por los que estuvimos, algunos clásicos como el estadio del Real Madrid, la Plaza de Toros de Las Ventas o haciendo un paseo por el río Manzanares.

Volviendo a Londres

Para terminar nuestro segundo viaje por Europa, después de pasar por Ámsterdam, Dublín y Edimburgo, volvimos a Londres luego de nuestro paso por la ciudad el año anterior. En esta ocasión celebramos el cumpleaños de mi novia y navidad en una de nuestras ciudades favoritas.

Llegamos por la noche al aeropuerto de Stansted, ubicado a poco más de 50 km del centro de Londres. Para llegar a Liverpool Street Station hicimos una reserva en el tren Stansted Express, el costo es £14 por persona, un poco caro, pero es la opción más rápida y llega en menos de una hora. Si van a volar nuevamente desde ese aeropuerto, los tickets ida y vuelta cuestan £25.

Al llegar a la estación de Liverpool Street, tomamos un taxi hasta donde nos alojamos, Marlin Apartments Aldgate, en el barrio de Whitechapel. Una buena opción para reservar en pareja o familia, ya que cuenta con amplias habitaciones, cocina y comedor, muy útil para preparase uno mismo la comida. Hay varios hoteles de la misma cadena, este que elegimos está un poco alejado del centro, pero muy bien conectado con toda la ciudad, cerca de la famosa Brick Lane, del Tower Bridge y a menos de cinco minutos caminando de la estación Aldgate East del metro londinense. El único inconveniente que tuvimos fue al llegar, que no teníamos agua caliente, pero lo solucionaron a la mañana siguiente. Como llegamos de noche no fuimos a ningún lado, solo salí a comprar en Tesco.

Al día siguiente de que llegamos fue el cumpleaños de mi novia, al salir y por la cercanía, caminamos hasta el Tower Bridge, mi puente favorito en la ciudad, donde se puede hacer un recorrido por ambas torres, se cruza de una a otra por una pasarela con el piso vidriado. El costo del ingreso es de poco más de £10 para adultos y la mitad para menores de entre 5 y 15 años. Aprovechamos y pasamos por la feria navideña ubicada junto al puente, el City Hall Christmas Market, junto al ayuntamiento de Londres. Ahí compramos philly cheesesteaks, unos sándwiches de carne mechada con queso, una delicia, nachos para acompañar y bebidas por £20. Luego tomamos el tube (subte/metro) hasta Tottenham Court Road Station para ir a nuestro querido Primark a comprar ropa, como regalo de cumpleaños.

Por la noche y bajo la lluvia, nos tomamos un Uber hasta el Hippodrome Casino, que además de ser un lugar de apuestas y juegos de azar, cuenta con algunos restaurantes, entre ellos el que había reservado para cenar, el Heliot Steak House, que según las opiniones en internet, es uno de los mejores restaurantes de carne de la ciudad. Como entrada nos dieron un pan casero con algunas salsas y quesos, mi novia pidió cordero con batatas fritas y yo lomo con papas fritas. Para el postre y como les había dicho que era el cumpleaños de mi novia, colocaron un chocolate con un “Happy Birthday” escrito, un lindo detalle. Gastamos poco más de £70, pero valió la pena. Luego de terminar de comer bajamos y recorrimos el casino, al salir caminamos por Leicester Square, lugar ideal para tomar algo. Volvimos al hotel en Uber.

El día de navidad salimos al mediodía y almorzamos en Big Moe’s, un diner con ambientación de los años 50. Almorzamos unas hamburguesas y gastamos unas £30. Después de comprar unas cosas en el supermecado, nos tomamos el tube hasta Westmister, salimos de la estación junto al Big Ben y el Parlamento. Cruzamos el Westminster Bridge para llegar hasta el London Eye, un ícono de la ciudad e imprescindible para visitar, la entrada es un poco cara, £27.50 comprando por internet, pero se ahorra un algo de dinero (£31 en el lugar) y se evitan las largas colas, por lo que el ingreso es más rápido. En nuestro caso fue aún más rápido, ya que saqué el “fast track” y no hicimos fila. La vuelta entera dura unos 30 minutos, las capsulas pueden llevar hasta 20 personas, pero son amplias y todos pueden apreciar las vistas increíbles de toda la ciudad desde las alturas, cuenta con pantallas informativas en varios idiomas, que detallan cada lugar que se está viendo.

Al bajar nos quedamos en el mercado de Navidad que había allí, compramos algunos recuerdos para nosotros y otros para regalar. El Southbank Centre Winter Market cuenta, como la mayoría de estos mercadillos, con puestos de comida, bebidas calientes y alcohólicas, artesanías y regalos varios, espectáculos y atracciones para los más pequeños. Para merendar compramos unos waffles con Nutella y crema, para recuperar un poco las calorías gastadas. Volvimos al hotel en el tube y cocinamos la cena para esperar la llegada de la Navidad.

Southbank Centre Winter Market

Ya estaba al tanto de que el 25 de Diciembre estaría todo cerrado, ni siquiera funciona el transporte público. Igualmente decidimos salir y caminamos por Brick Lane, un clásico paseo con un mercado callejero, locales de comida y ropa vintage. Obviamente estaba todo cerrado, por lo que la salida duró poco y volvimos al hotel.

Calles con poca gente

El 26 de Diciembre es conocido como el “Boxing day”, lo que en un principio fue dirigido hacia las personas menos afortunadas, se les regalaba o donaba diferentes cosas luego de la Navidad. Hoy en día muchos comercios aprovechan para hacer rebajas este día, por lo que las calles suelen estar repletas de gente. Salimos después de almorzar y fuimos en el tube hasta Oxford Street y caminamos por Regent St hasta Piccadilly Circus, después por Coventry St y Charing Cross Rd. Entramos a algunos locales y compramos regalos, libros y algunas cosas más ya que al siguiente día teníamos el vuelo de vuelta. Por todas las calles que caminamos están las típicas luces y adornos navideños que iluminan la ciudad en esta época. Por último pasamos por el Palace Theatre, sitio en el cual se encuentra la obra de Harry Potter and The Cursed Child, cuyas entradas van desde las £15 hasta £80 por persona.

En nuestro último día en la ciudad y después de dejar nuestras valijas, salimos a caminar un poco, hicimos las últimas compras y almorzamos en una casa de comidas rápidas en la estación donde comenzó este viaje, en Liverpool Street Station. Después de esto volvimos al hotel a recoger el equipaje y nos fuimos en el tube hasta el aeropuerto de Heathrow, el más importante de Londres.

La hermosa Edimburgo

Aterrizamos en la ciudad poco antes de las dos de la tarde, para llegar al centro de la ciudad reservamos un traslado desde el aeropuerto, parecido al que utilizamos en Dublín, el servicio Airlink es de la empresa Lothian Buses, el costo para mi y para mi novia, de ida y vuelta, fue de £15 en total, hoy en día cuesta lo mismo. En menos de treinta minutos llegamos a Waverley Bridge, ubicado justo encima de la céntrica estación de tren, con el mismo nombre.

Desde allí, al ver que la calle era en bajada, decidimos ir caminando unas ocho cuadras hasta el hotel donde nos alojamos, el Holyrood ApartHotel, que como bien dice su nombre, es un apart-hotel y cuenta con grandes habitaciones, equipadas con una cocina, que permite gastar un poco menos en comida, a nosotros muchas veces nos gusta preparar nuestra propia comida y puede ser un buen ahorro.

Uno de los clásicos de esta ciudad son los callejones o “close”, en inglés, que hay para “entrar” a los edificios, hoteles y otras calles internas, que con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, fueron quedando cada vez más pequeños, pero que le dan un toque antiguo y pintoresco. Para llegar al hotel hay que pasar por uno de estos, que está en una de las calles de la Royal Mile, Canongate. Todos ellos tienen nombre, por algo distintivo del lugar al que conducían, o por personalidades de la ciudad. El “close” que lleva directo al hotel es el Coopers Cl. Junto a la entrada de este callejón se encuentra una famosa cafetería a la que decidimos entrar para calentar un poco el cuerpo y embarcarnos a conocer la ciudad.

Bajando por Canongate, no muy lejos, se encuentra el moderno e imponente edificio del Parlamento Escocés, el cual se puede visitar y hasta asistir a las sesiones parlamentarias. También se presentan allí algunos eventos y exhibiciones. Frente a esta se encuentra The Queen’s Gallery, con diferentes muestras de la Colección Real, da paso a la Abadía de Holyrood, lugar que sirvió en las coronaciones reales, sepultura de monarcas y otras personalidades de la realeza. Actualmente se encuentra en ruinas, para visitar ambas cosas se pueden conseguir tickets por unas £22 por persona.

Una de las calles más importantes de la ciudad es la llamada “Royal Mile” que conecta el Castillo de Edimburgo con el Palacio de Holyrood, en el corazón del casco antiguo de la ciudad. En ella se encuentran gran variedad de bares y restaurantes, tiendas de regalos y algunos monumentos importantes, entre ellos la Catedral de St. Giles. Se pueden ver rarezas, como una iglesia que fue reconvertida en un mercado, con venta de artesanías y recuerdo, entre otras cosas, y un muy curioso museo al que fuimos, el de la niñez o Museum of Childhood, con juguetes de todos los tiempos, un lindo recorrido.

Saliendo de la Royal Mile, recorrimos Victoria Street, una de las más lindas de la ciudad. Vimos The Elephant House, conocido café donde J.K. Rowling pasaba el tiempo escribiendo las historias de Harry Potter. Finalmente pasamos por el Cementerio Greyfriars, que rodea la capilla de Greyfriars Kirk. La entrada al mismo es pequeña, pero una vez dentro se puede ver que ocupa un gran lugar. Frente a la entrada del cementerio se encuentra una escultura al fiel perro conocido como Greyfriars Bobby, que según cuenta la leyenda, estuvo junto a la tumba de su dueño por 14 años, hasta su muerte. Hay muchas otras historias y leyendas sobre este cementerio. Uno de los “indispensables” del lugar es encontrar la tumba de Thomas Riddle, nombre que la autora anteriormente nombrada tomó para uno de los personajes de sus libros.

Llegamos a una de las atracciones más importantes de la ciudad, el Castillo de Edimburgo, ubicada en una colina desde la cual se ve gran parte de la ciudad, tanto la parte antigua como la más moderna. La visita al castillo cuesta £19.50 para mayores de 16 años, £10.50 para los chicos entre 5 y 15 años y gratis para los menores de 5 años. Nosotros no entramos, solo estuvimos dos días en la ciudad y decidimos dejarlo para la próxima vez que vayamos, porque vamos a volver. Nos quedamos descansando en la explanada previa a la entrada del castillo, donde anualmente se arman inmensas gradas para disfrutar del festival militar, que cuenta con desfiles, música y árte. Dentro del castillo se pueden ver diferentes muestras de la historia de Edimburgo.

Saliendo de allí, nos dirigimos a Princes Street para ver el famoso Scott Monument, en honor al autor escocés. Frente a este se encuentra el Princes Street Garden, donde es armado el mercado navideño durante el mes de Diciembre. Para no perder la costumbre y como en las demás ciudades que fuimos, visitamos los diferentes puestos de comida y regalos que suele haber, comimos las famosas salchichas alemanas (dos veces el mismo día) y compramos algunos recuerdos. Se encuentra también aquí el Santa Land para los más chicos, con juegos, carrusel, sillas voladoras y más atracciones. Para conocer la parte nueva de la ciudad, bajamos hasta el Boulevard George, rodeado de bares, cafés y tiendas de alta moda. Va desde la Charlotte Square hasta St. Andrew Square, por unas cuatro cuadras.

El día en el que nos íbamos nos levantamos temprano, salimos de la habitación y dejamos el equipaje en el hotel. Nos dirigimos a Calton Hill, una colina desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad. Por los monumentos que allí se encuentran se conoce a Edimburgo como la “Atenas del Norte”, gracias al Monumento Nacional que fue diseñado en honor a los caídos en las Guerras Napoleónicas, que increíblemente no fue terminado por falta de fondos. También se encuentra emplazado el Observatorio de la ciudad, el Monumento a Nelson, que cuenta con una “bola del tiempo” que indica a los marineros la llegada de la una de la tarde cuando esta cae y se complementó con el “Cañón de la una en punto” del Castillo de Edimburgo, que sirve para los días de poca visibilidad y este se puede escuchar. Otros monumentos que se pueden ver son Playfair Monument, The Portuguese Canon, Dugald Stewart Monument y Monument to Scottish Parliament.

Finalmente volvimos al hotel, buscamos las valijas y nos fuimos en taxi hasta Waverley Bridge para tomar el Airlink al aeropuerto y seguir nuestro viaje, para terminarlo en Londres. Nos dimos cuenta que los dos días que pasamos en la ciudad fueron pocos, por lo que no nos quedan dudas de que volveremos.

Dublín en tres días

Llegamos a Dublín después de nuestro paso por Ámsterdam, aterrizamos antes del mediodía en la capital irlandesa. Teníamos reservado un traslado en micro desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, la empresa es Aircoach y el costo es de €8 si se saca ida y vuelta online (más barato ahora, cuando nosotros fuimos costaba €11 por persona), cuenta con wifi gratis en todos los buses. También cuenta con traslados hacia las ciudades de Cork y Belfast, entre otras.

Bajamos sobre O’Connell Street, una de las principales calles de la ciudad, a unos 500 metros del hotel que reservamos, el Dublin Central Inn. Desde la puerta, o saliendo por la ventana de la habitación, se ve The Spire (La Aguja, en español), uno de los monumentos icónicos de la ciudad, denominado el Monumento de la Luz, tiene 119 metros de altura y como su nombre lo indica, tiene forma de aguja, ya que en la base mide más de 3 metros y se estrecha hasta los 15 cms en la punta.

Vista desde la habitación
The Spire

Caminamos por esa calle y llegamos hasta el río Liffey y terminamos almorzando en River Bar, el cual obviamente elegí por el nombre. Mientras comíamos veíamos un partido de la Premier League, ya que es un bar de reunión para ver deportes. Luego caminamos hasta George’s Steeet Arcade Market, el primer centro comercial construido en Irlanda, cuenta con tiendas de ropa, música, antigüedades, joyería y variedad de locales de comida.

Por la noche fuimos a la zona de Temple Bar, donde calles empedradas dan lugar a gran cantidad de pubs con música en vivo, restaurantes y tiendas de regalos, también hay espectáculos callejeros que hacen de esta zona una de las más activas durante la noche. Logramos entrar al Auld Dubliner Pub, repleto de gente disfrutando de una banda de rock en vivo. Conseguimos hacernos un lugar y tomamos algo. A la vuelta compramos algunas cosas en Tesco para tener durante la estadía, uno de los mejores, más variados y económicos supermercados de Europa.

Temple Bar

A la mañana siguiente fuimos hasta el Castillo de Dublín, que fue sede del gobierno británico hasta la independencia de Irlanda en 1922. Desde entonces se utilizó para ceremonias de Estado, centro de conferencias y alberga las oficinas de los Comisionados de Impuestos. Se encuentra allí la Iglesia de la Santísima Trinidad. Nosotros lo recorrimos por afuera pero se puede ingresar por €8 y se puede optar por un recorrido con un guía, que cuesta €12 por persona. Tras el castillo se encuentran los jardines de Dubh Linn, lugar ideal para descansar y relajarse, el centro de exhibiciones The Coach House se encuentra en la cabecera del jardín.

Llegamos al Trinity College, la universidad más antigua de Irlanda, se puede recorrer el campus que cuenta con diferentes construcciones, tanto nuevas como antiguas. La biblioteca es uno de los lugares emblemáticos para recorrer y tiene un costo de €11 para ingresar. Otro de los sitios es la torre del campanario, tiene 30 metros de altura, con un arco inferior para pasar bajo ella. Dentro del recinto también se encuentran además de las aulas, una residencia para los estudiantes, pubs, canchas de fútbol y hasta una iglesia, en la que sólo los alumnos y ex alumnos del Trinity College pueden casarse. Almorzamos en uno de los mejores lugares de comida mexicana que hemos ido, Saburritos, hay varios locales en toda la ciudad y con gran variedad, recomiendo los burritos!

Fuimos al mercado navideño que se sitúa en esta época en Henry Street, con muchos puestos navideños a lo largo de unas cinco cuadras. En esta calle también se encuentran grandes tiendas de ropa, entre ellas Penneys, que es el nombre que usa Primark en Irlanda. Al final de la tarde descansamos un poco en el Garden of Remembrance, un jardín conmemorativo a la memoria de todos los caídos en la causa por la libertad irlandesa. Tiene una fuente en forma de cruz, una escalinata con la estatua conmemorativa llamada Children of Lir.

En nuestro último día completo en la ciudad, fuimos a St Stephen’s Green, un parque público céntrico y cuenta con un lago en su interior, con gran variedad de flora y fauna. En una de las calles que rodea al parque se puede encontrar un mercadillo navideño, con puestos de comida y ropa típica de la época. En frente del parque, en el final de la calle peatonal Grafton Street, se encuentra el Stephen’s Green Shopping Centre, un centro comercial con mas de cien tiendas de ropa, joyería, regalería, cafeterías y restaurantes, entre otras. Tiene una estructura interior metálica y el techo es vidriado.

St. Stephen’s Green
Stephen’s Green Shopping Centre

Saliendo de allí pasamos por la Catedral de San Patricio, una de las iglesias más importantes y dedicada al santo patrono del país, se la puede visitar por €7.50 por persona. Cerca de ella se encuentra la otra catedral, más antigua y sede del arzobispo de Dublín, la Santísima Trinidad. El costo para ingresar es el mismo que la anterior. Junto a esta se encuentra el museo de Dublinia, dedicado a la historia vikinga y medieval de la ciudad, se conecta con la catedral con un puente de piedra ubicado sobre la calle y el costo del ticket es de €12 por persona.

Para terminar nuestra visita en esta hermosa ciudad y ya de noche, recorrimos el río Liffey por sus márgenes, viendo los puentes más característicos sobre él. Uno de ellos y quizás el más famoso, es el punte peatonal Ha’penny, conocido así por su forma de moneda de medio penique (half penny) y porque ese era el costo que debían pagar quienes querían cruzarlo. Otro de los más reconocidos es el Samuel Beckett Bridge, que a la vista es muy parecido a un puente de Argentina, el “Puente de la Mujer”, ubicado en Puerto Madero. Esto se debe a que el arquitecto es el mismo, Santiago Calatrava. Otros de los puentes son el Tom Clarke Bridge, Talbot Memorial Bridge, Butt Bridge y O’Connell Bridge, entre los más destacados.

Ha’penny Bridge
Samuel Beckett Bridge

Finalmente paseamos nuevamente por George’s St Arcade Market, Henry Street y algunas de las calles iluminadas especialmente para la navidad. Cenamos en una hamburguesería ambientada en un dinner de los años ’50, de nuestros favoritos a la hora de elegir alguna temática, Eddie Rocket’s, sobre la calle O’Connell y muy cerca del río Liffey.

Rio Liffey

A la mañana siguiente salimos a tomar nuevamente el Aircoach para que nos lleve al aeropuerto, nuestro próximo destino sería Edimburgo.

Paseando por Ámsterdam

En Diciembre del 2016 viajamos nuevamente a Europa con Guada, mi novia, esta vez los destinos seleccionados fueron Ámsterdam, Dublín, Edimburgo y volvimos a Londres por segundo año consecutivo, la idea era pasar el cumpleaños de ella en la capital británica. A diferencia del año anterior, esta vez no tenía ningún viaje planeado a Japón por culpa de River.

Salimos con destino a Londres, con escala en San Pablo. Una vez en Heathrow fuimos hasta la terminal 4, despachamos nuevamente el equipaje y después de 45 minutos de vuelo llegamos a Ámsterdam, fueron casi 24 horas de viaje. Para llegar al centro de la ciudad elegimos el tren, que tiene una estación en el mismo aeropuerto, el ticket cuesta un poco más de €5 y tarda aproximadamente 20 minutos en llegar a la estación Amsterdam Centraal, es la opción más rápida para llegar al centro de la ciudad.

Centraal Station

Nos alojamos en el Hotel Old Quarter, ubicado a menos de tres cuadras de la estación Centraal, tiene habitaciones privadas y algunas compartidas en los pisos superiores, estilo hostel. Nosotros reservamos una habitación privada, que se localizaba en el primer piso y con vista a uno de los famosos canales. En la parte de la recepción cuenta con un bar donde también sirven comida, allí cenamos y luego salimos a caminar un poco por la calle Damrak, una de las principales de la ciudad, que al ser época navideña es decorada con luces y diferentes cosas conmemorativas.

Ubicación del hotel
Vista desde la habitación

A la mañana siguiente salimos y desayunamos en The King, donde sirven desde un desayuno inglés, panqueques y también es un restaurant de carne. Después de comer unos panqueques con Nutella fuimos hacia la casa de Anne Frank, entramos rápido ya que sacamos los tickets con anticipación. Es la mejor opción para ahorrarse las largas filas, tiene un costo de €12.50 para adultos, €6.50 para menores de 10 a 17 años y €1 para los menores de 9 años. Al ingreso se narran diferentes historias, sobre la guerra y la forma de vida de la familia, todo con muestras digitales. En el piso superior donde se escondieron las familias Frank y Pfeffer, entre otras personas que allí vivieron. Se puede ver como era el lugar, mantuvieron las paredes y recortes originales que allí había, no hay muebles. Es un recorrido de una hora aproximadamente, con un impacto muy fuerte. Al salir hay una tienda donde se puede comprar el libro y algunos recuerdos, para contribuir con la fundación. Dentro de las instalaciones no se pueden sacar fotos, por lo que no pudimos retratar las instalaciones.

Estatua de Anne Frank
Calle Anne Frank

Luego caminamos por las calles rodeadas de canales, pasamos por algunos lugares turísticos como el Palacio Real de Ámsterdam, que cuenta con visitas guiadas cuando la realeza no lo utiliza, con un costo de €10 para adultos y gratis para los menores. También frente a la Plaza de Dam se encuentra el Monumento Nacional, es un obelisco que honra a los soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial. Hay por sus alrededores algunos museos, restaurantes y tiendas de moda, entre ellas Primark, nuestra predilecta a la hora de comprar ropa de buena calidad y bajos precios.

Por la tarde caminamos por el barrio chino, que se encuentra cerca de la plaza Nieuwmarkt, allí se realiza un mercado todos los días y especialmente los fines de semana, cuando más gente lo utiliza. Es un mercado de agricultores, con venta de frutas, ropa y antigüedades, entre otras cosas. En ella se encuentra la construcción no religiosa más antigua de la ciudad, el edificio De Waag, hoy en día funciona como un restaurant. Para terminar el recorrido fuimos al mundialmente famoso Barrio Rojo, que se sitúa en la parte antigua de la ciudad y uno de los puntos turísticos más visitados.

Al otro día caminamos por el centro de la ciudad, volvimos a pasar por la plaza Dam y caminamos hasta los jardines de Begijnhof, un hermoso patio interno rodeado de casas que eran habitadas por una comunidad de religiosas y allí se encuentra una de las casas más antiguas de Ámsterdam, que data del año 1420. Luego hicimos un paseo en barco por los canales, estos barcos salían justo en frente de nuestra ventana en el hotel, el paseo dura aproximadamente una hora y tiene un costo de €10 por persona, como recuerdo también te sacan fotos que luego venden por €5. El recorrido pasa por los lugares más famosos e importantes de la ciudad, como la estación Centraal, la Basílica de San Nicolás, la Torre del Reloj, los Siete Puentes y navegar por el canal Amstel, entre otros puntos.

Antes de que anochezca fuimos al museo NEMO de ciencias, la entrada es algo cara (unos €17.50), igualmente no ingresamos, pero subimos hasta la terraza que es gratuita y tiene una excelente vista de la ciudad, también cuenta con miradores, había bastante viento y hacía frío, todo un logro descansar un poco en esta terraza. Al bajar recorrimos los canales siguiendo el Festival de las Luces, que son expresiones de arte moderno con la utilización de diferentes tipos de esculturas luminosas, esto se lleva a cabo todos los años, cambiando las muestras y artistas que participan. Pasamos por la plaza de Rembrandt y merendamos en Sweetella, un excelente lugar para tomar algo caliente y recuperar algunas calorías con la gran variedad de waffles, crepes, churros y helados que ofrece, un lugar muy recomendable.

En nuestro último día completo en la ciudad desayunamos en el hotel, era económico, unos €5 por personas, dejamos el equipaje en el hotel y salimos a tomar el tram (tranvía) con dirección a la plaza Museumplein, el viaje tiene un costo de €3 por persona aproximadamente. Alrededor de esta plaza se encuentra el famoso museo nacional, el Rijksmuseum, que contiene grandes obras maestras europeas, el ingreso cuesta €20 para adultos y gratis para menores de 18 años. En frente de este museo se encuentra una gran fuente, que en invierno se congela y se utiliza como pista de patinaje, rodeado de un mercado navideño. Allí se encontraba el cartel de “I Amsterdam” que fue retirado en 2018 por la gran cantidad de gente que se reunía en torno a él, aunque todavía se puede ver uno igual en el aeropuerto de Schiphol. La plaza está rodeada por varios museos más, entre ellos el de Van Gogh.

Rijksmuseum

Volvimos a retirar el equipaje del hotel y tomamos el tren al aeropuerto. Como teníamos el vuelo temprano a la mañana, la última noche la pasamos en el hotel Ibis, cerca del aeropuerto y que brinda un traslado gratis entre este y el hotel, que pasa cada veinte minutos y recorre diferentes hoteles que allí se ubican. Cenamos en un restaurant de hamburguesas que había dentro de las instalaciones y por la mañana salimos para el aeropuerto a tomar nuestro vuelo a Dublín.