La hermosa Edimburgo

Aterrizamos en la ciudad poco antes de las dos de la tarde, para llegar al centro de la ciudad reservamos un traslado desde el aeropuerto, parecido al que utilizamos en Dublín, el servicio Airlink es de la empresa Lothian Buses, el costo para mi y para mi novia, de ida y vuelta, fue de £15 en total, hoy en día cuesta lo mismo. En menos de treinta minutos llegamos a Waverley Bridge, ubicado justo encima de la céntrica estación de tren, con el mismo nombre.

Desde allí, al ver que la calle era en bajada, decidimos ir caminando unas ocho cuadras hasta el hotel donde nos alojamos, el Holyrood ApartHotel, que como bien dice su nombre, es un apart-hotel y cuenta con grandes habitaciones, equipadas con una cocina, que permite gastar un poco menos en comida, a nosotros muchas veces nos gusta preparar nuestra propia comida y puede ser un buen ahorro.

Uno de los clásicos de esta ciudad son los callejones o “close”, en inglés, que hay para “entrar” a los edificios, hoteles y otras calles internas, que con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, fueron quedando cada vez más pequeños, pero que le dan un toque antiguo y pintoresco. Para llegar al hotel hay que pasar por uno de estos, que está en una de las calles de la Royal Mile, Canongate. Todos ellos tienen nombre, por algo distintivo del lugar al que conducían, o por personalidades de la ciudad. El “close” que lleva directo al hotel es el Coopers Cl. Junto a la entrada de este callejón se encuentra una famosa cafetería a la que decidimos entrar para calentar un poco el cuerpo y embarcarnos a conocer la ciudad.

Bajando por Canongate, no muy lejos, se encuentra el moderno e imponente edificio del Parlamento Escocés, el cual se puede visitar y hasta asistir a las sesiones parlamentarias. También se presentan allí algunos eventos y exhibiciones. Frente a esta se encuentra The Queen’s Gallery, con diferentes muestras de la Colección Real, da paso a la Abadía de Holyrood, lugar que sirvió en las coronaciones reales, sepultura de monarcas y otras personalidades de la realeza. Actualmente se encuentra en ruinas, para visitar ambas cosas se pueden conseguir tickets por unas £22 por persona.

Una de las calles más importantes de la ciudad es la llamada “Royal Mile” que conecta el Castillo de Edimburgo con el Palacio de Holyrood, en el corazón del casco antiguo de la ciudad. En ella se encuentran gran variedad de bares y restaurantes, tiendas de regalos y algunos monumentos importantes, entre ellos la Catedral de St. Giles. Se pueden ver rarezas, como una iglesia que fue reconvertida en un mercado, con venta de artesanías y recuerdo, entre otras cosas, y un muy curioso museo al que fuimos, el de la niñez o Museum of Childhood, con juguetes de todos los tiempos, un lindo recorrido.

Saliendo de la Royal Mile, recorrimos Victoria Street, una de las más lindas de la ciudad. Vimos The Elephant House, conocido café donde J.K. Rowling pasaba el tiempo escribiendo las historias de Harry Potter. Finalmente pasamos por el Cementerio Greyfriars, que rodea la capilla de Greyfriars Kirk. La entrada al mismo es pequeña, pero una vez dentro se puede ver que ocupa un gran lugar. Frente a la entrada del cementerio se encuentra una escultura al fiel perro conocido como Greyfriars Bobby, que según cuenta la leyenda, estuvo junto a la tumba de su dueño por 14 años, hasta su muerte. Hay muchas otras historias y leyendas sobre este cementerio. Uno de los “indispensables” del lugar es encontrar la tumba de Thomas Riddle, nombre que la autora anteriormente nombrada tomó para uno de los personajes de sus libros.

Llegamos a una de las atracciones más importantes de la ciudad, el Castillo de Edimburgo, ubicada en una colina desde la cual se ve gran parte de la ciudad, tanto la parte antigua como la más moderna. La visita al castillo cuesta £19.50 para mayores de 16 años, £10.50 para los chicos entre 5 y 15 años y gratis para los menores de 5 años. Nosotros no entramos, solo estuvimos dos días en la ciudad y decidimos dejarlo para la próxima vez que vayamos, porque vamos a volver. Nos quedamos descansando en la explanada previa a la entrada del castillo, donde anualmente se arman inmensas gradas para disfrutar del festival militar, que cuenta con desfiles, música y árte. Dentro del castillo se pueden ver diferentes muestras de la historia de Edimburgo.

Saliendo de allí, nos dirigimos a Princes Street para ver el famoso Scott Monument, en honor al autor escocés. Frente a este se encuentra el Princes Street Garden, donde es armado el mercado navideño durante el mes de Diciembre. Para no perder la costumbre y como en las demás ciudades que fuimos, visitamos los diferentes puestos de comida y regalos que suele haber, comimos las famosas salchichas alemanas (dos veces el mismo día) y compramos algunos recuerdos. Se encuentra también aquí el Santa Land para los más chicos, con juegos, carrusel, sillas voladoras y más atracciones. Para conocer la parte nueva de la ciudad, bajamos hasta el Boulevard George, rodeado de bares, cafés y tiendas de alta moda. Va desde la Charlotte Square hasta St. Andrew Square, por unas cuatro cuadras.

El día en el que nos íbamos nos levantamos temprano, salimos de la habitación y dejamos el equipaje en el hotel. Nos dirigimos a Calton Hill, una colina desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad. Por los monumentos que allí se encuentran se conoce a Edimburgo como la “Atenas del Norte”, gracias al Monumento Nacional que fue diseñado en honor a los caídos en las Guerras Napoleónicas, que increíblemente no fue terminado por falta de fondos. También se encuentra emplazado el Observatorio de la ciudad, el Monumento a Nelson, que cuenta con una “bola del tiempo” que indica a los marineros la llegada de la una de la tarde cuando esta cae y se complementó con el “Cañón de la una en punto” del Castillo de Edimburgo, que sirve para los días de poca visibilidad y este se puede escuchar. Otros monumentos que se pueden ver son Playfair Monument, The Portuguese Canon, Dugald Stewart Monument y Monument to Scottish Parliament.

Finalmente volvimos al hotel, buscamos las valijas y nos fuimos en taxi hasta Waverley Bridge para tomar el Airlink al aeropuerto y seguir nuestro viaje, para terminarlo en Londres. Nos dimos cuenta que los dos días que pasamos en la ciudad fueron pocos, por lo que no nos quedan dudas de que volveremos.

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