Marsella, primera parada en la costa francesa

Continuamos nuestro gran viaje europeo por la ciudad de Marsella, en el sur francés y a la vera del Mar Mediterráneo. Desde Madrid nos tomamos un avión y llegamos por la tarde a la ciudad, teníamos reservados los tickets para ir en bus a la central de trenes, donde bajamos y tomamos un subte que nos quedaba cerca del hotel. El traslado nos costó poco más de €14 y varía el costo según la edad. Decidimos elegir esta opción para poder ver los paisajes por los que el bus hace su recorrido. También se puede llegar al centro en tren y el costo no varía mucho. El tiempo que se tarda en llegar desde el aeropuerto es más o menos entre 20 y 30 minutos en ambos casos.

El hotel al que fuimos es el Hotel Marseille Centre, que cuenta con una excelente ubicación, cerca del puerto viejo y el centro de la ciudad, además no tan alejado de la estación central de trenes, que era la forma en la que íbamos a seguir viaje. Al llegar pagamos por el desayuno, que no estaba incluido en la tarifa y el city tax, método muy utilizado para el turismo en Europa, el cual nos costó €0.30 por noche y por cada uno de nosotros.

Al salir ya eran cerca de las ocho de la noche y decidimos recorrer un poco hasta llegar al puerto viejo. Cerca del hotel se encuentra la Prefecture des Bouches-du-Rhône, un edificio público que alberga la residencia del prefecto, o gobernador, de la ciudad. Cuenta con una construcción de 7500 mts², con un frente de 90 metros de largo y 80 metros de profundidad, allí hay varias salas y sedes administrativas. Frente a este nace la rue Saint Ferréol, principal calle comercial y peatonal de la ciudad. Bajando un poco por la misma calle se encuentra el Palacio de Justicia del distrito y frente a este una fuente, es una zona bastante transitada por lo que está rodeado de restaurantes.

Al llegar al puerto vimos que era el lugar donde se realiza el mercado navideño, por lo que estaba toda la zona decorada con luces y motivos de la Navidad. Como en todo mercadillo de este estilo, se destacan los puestos de comidas bien calóricas, bebidas y regalos. También cuenta con actividades para los niños, donde pueden sacarse fotos y dejar su carta a Papá Noel.

La mañana siguiente, luego de desayunar en el hotel, salimos nuevamente en dirección hacia el puerto viejo, ya con la luz del día notamos lo lindo que era y la cantidad de barcos que habían atracados ahí. Por el margen derecho del puerto, al llegar al final, se encuentra la iglesia Saint Laurent y por una pasarela se conecta con el Fort Saint-Jean, un complejo militar que está compuesto por una capilla, una iglesia, un hospital y el palacio del comandante. El fuerte fue construido entre 1668 y 1671, es uno de los monumentos mas visitados de Marsella, además el ingreso es gratuito y se pueden visitar todas las instalaciones. Está conectado mediante una pasarela con el MuCEM, el museo de las civilizaciones europeas, que los tickets para ingresar cuestan €11. Las vistas hacia el Mar Mediterráneo y el puerto son hermosas. Ya pasado el mediodía, fuimos al mercado navideño, almorzamos unos panchos en pan baguette y de postre unos churros con Nutella.

En nuestro tercer y último día completo en la ciudad, teníamos la idea de ir hasta la Basílica de Notre-Dame de la Garde, pero el día estaba muy feo y lluvioso, por lo que no fuimos. Esta basílica se ubica a unos 150 metros sobre el nivel del mar, construida sobre una antigua fortaleza, y finalizada en el año 1864. La estatua de la Virgen con el Niño, de más de 11 metros de altura, enchapada en cobre dorado, se ubica sobre la torre más alta de la construcción, que también cuenta con un campanario. Al estar emplazada en una colina, es vista desde casi todos los puntos de la ciudad, un ícono de la misma.

Basílica de Notre Dame de la Garde vista desde el puerto

Como nuestros planes habían cambiado, por lo que volvimos hacia el puerto y esta vez caminamos por el margen izquierdo, hasta el otro fuerte que protegía la ciudad, el Fort Saint-Nicolas, frente al fuerte Saint-Jean. Fue inaugurado en el año 1660 y desde el año 1860 está dividido en dos por el Boulevard Charles Livon. La parte junto al mar es conocida como Fort Ganteaume, alberga el círculo militar y el comedor de oficiales, mientras que del otro lado se encuentra el Fort d’Entrecasteaux, solo una parte está abierta al público y el ingreso es gratuito, pero en el momento en el que fuimos no estaba abierto, no sabemos si por la hora, la fecha o el hecho de que estaba lloviendo. Al volver almorzamos en Oscar’s Bagles and Sandwiches, en el cual nos deleitamos con unos sandwiches.

Vista desde el Fort Saint Nicolas

Otra forma interesante de conocer Marsella, tanto en familia, como en pareja, es en el Petit Train de Marseille, que como su nombre lo indica, es un pequeño tren con tres pequeños vagones que recorre ciertos puntos de la ciudad. Tiene tres recorridos, uno que lleva hasta la Basílica Notre Dame de la Garde, pasando por los dos fuertes de la ciudad y algunos puntos altos desde donde se ve la isla Frioul, frente a la costa. El segundo recorrido es por la parte vieja de la ciudad, pasando por antiguos hoteles, iglesias y catedrales, una parada en el barrio Panier, con pequeñas calles, algunas peatonales y plazas, además de poder comprar artículos económicos de artistas de la zona, como pinturas y artesanías. El último itinerario que ofrece es solo para el verano, en las islas de Frioul, donde se puede conocer el Castillo de If y tener una gran vista de la bahía. Los tours tiene un costo de €8 y son de una hora de duración.

Por la mañana, tras tomar el desayuno y dejar nuestro equipaje en el hotel, salimos a almorzar algo antes de dirigirnos a la estación de trenes, donde llegamos poco después de las dos de la tarde y esperamos bastante hasta que llegara nuestro tren, que con un poco de demora llegó a las seis de la tarde y con el cual fuimos a nuestro próximo destino en la costa francesa, Niza.

Llegando a Madrid

En nuestro tercer viaje a Europa el itinerario fue un poco extenso, junto con mi novia decidimos probar suerte e irnos a vivir a España, más específicamente a Madrid. Por esto hicimos un viaje a modo de vacaciones, antes de quedarnos en la capital española, donde estuvimos poco más de siete meses. Ya que era la ciudad donde íbamos a quedarnos al finalizar el viaje, elegimos que Madrid sea el punto de inicio de esta nueva aventura de más de un mes de duración, diez ciudades, cinco países, muchos viajes en tren y avión.

Luego de nuestro vuelo, con escala en San Pablo, llegamos al aeropuerto de Barajas cerca del mediodía. Tomamos el metro desde allí hasta la estación de Tribunal. Para tomar el metro se debe sacar una tarjeta (similar a nuestra SUBE), que se puede hacer directamente desde las máquinas expendedoras ubicadas antes de ingresar a la estación, ubicada en el mismo aeropuerto. Esa tarjeta se puede recargar, tanto con efectivo como con tarjeta de crédito y débito. Se puede sacar un abono por diez viajes por poco más de € 12, muy conveniente si se va a utilizar este medio de transporte.

Reservamos un departamento por Airbnb, muy cerca de uno de los puntos más turísticos de la ciudad, la Gran Vía. El departamento estaba bien ubicado y contaba con una cocina completa, lavarropas y tele por cable. No era muy grande, pero suficiente para pasar algunos días en la ciudad. El edificio está sobre la Calle Fuencarral, una de las más transitadas del barrio de Malasaña, gran parte de ella es peatonal y está repleta de tiendas de moda, restaurantes y cafeterías.

La Calle Funcarral termina en la icónica Gran Vía, que además de los típicos restaurantes y tiendas, tiene sobre ella algunos de los edificios más importantes de la ciudad. Entre estos edificios se encuentra el Edificio Metrópolis, frente a este se encuentra el Edificio Grassy (el número 1 de la Calle Gran Vía), el Edificio Carrión, con su inconfundible publicidad de Schweppes, junto a la plaza del Callao y la Fundación Telefónica Madrid, entre otros. Justo a la salida de la estación Tribunal se encuentra el Museo de la Historia de Madrid, que documenta la historia de la ciudad desde sus origines. El ingreso es gratuito y vale la pena aprovecharlo.

Para terminar el primer día en Madrid, fuimos hasta otro de los puntos importantes, Puerta del Sol. Allí se encuentran algunos de los lugares más significativos de la ciudad. Frente a la plaza está la Real Casa de Correos, actualmente utilizado como la sede de la Presidencia de Madrid. En él está el Reloj de la Casa de Correos, el lugar desde donde se realizan las campanadas para recibir al nuevo año. Otro de los sitios aquí visitados es la estatua de El Oso y el Madroño, el símbolo de la ciudad. También se encuentra la placa del Kilómetro Cero, en la puerta de edificio anteriormente mencionado y es el punto desde donde comienzan todas las carreteras radiales españolas.

A la mañana siguiente desayunamos y almorzamos en el departamento, nos llenamos de energía y salimos a recorrer varios lugares y todos a pie. La primera parada fue en Plaza Mayor, una de las plazas más famosas, rodeada por edificios prácticamente iguales, por lo que es un espacio cerrado. Una de las entradas más conocidas es el Arco de Cuchilleros, además cuenta con otros ocho arcos de entrada. Como es costumbre nuestra, iniciamos el viaje en el mes de Diciembre, por lo que dentro de la plaza es donde realizan la feria navideña más tradicional, con más de 100 puestos que venden los típicos turrones, artículos navideños, comida y bebida, entre otros.

Junto a la plaza se encuentra el Mercado de San Miguel, que cuenta con más de cien años de historia, actualmente utilizado como centro gastronómico, con variedad de platos de todos los puntos de España. Bajando por la Calle Mayor podemos encontrar la casa de Calderón de la Barca, la Plaza de la Villa, rodeada por construcciones que datan del año 1600 y actualmente uno de ellos es sede del Ayuntamiento. Al final de esta calle se ubica la Muralla Árabe, que es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Frente está la sede del arzobispado de Madrid y la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Una vez que llegamos a la Calle del Bailén encontramos el Palacio Real de Madrid, la residencia oficial del rey de España. Se puede visitar tanto la residencia como las exposiciones que allí tienen, los precios de las entradas van desde los €6 hasta los €13, según la época en la que se visita. Se puede ingresar a la plaza de la Armería, desde donde se ve todo el palacio. Frente a este se encuentran los Jardines de Lepanto y el Teatro Real. Situados en la fachada norte del palacio se encuentran los Jardines de Sabatini, está abierto al público y es ideal para descansar un poco. Siguiendo por la misma calle y por último, llegamos hasta el Templo de Debod, un templo egipcio de más de 2000 años, dedicado a Amón de Debod y a Isis, fue donado por el gobierno de Egipto a España en 1968, en agradecimiento por la ayuda brindada para salvar los templos de Abu Simbel. Cuenta con un mirador desde el cual pudimos apreciar el atardecer. Antes de volver y tras haber caminado más de diez kilómetros, compramos unos burritos para cenar.

En nuestro último día completo en la ciudad, fumos a desayunar a Juicy Avenue, donde tienen gran variedad de comidas y bebidas. Caminamos hasta el palacio de Cibeles, un imponente edificio que es la Sede del Ayuntamiento de Madrid, frente a este se encuentra la Plaza de Cibeles, conocida por ser el punto de encuentro de los hinchas del Real Madrid para festejar sus títulos. Muy cerca de ahí está uno de los mejores lugares para visitar, el Parque de El Retiro. Frente a una de las entradas, la que está en la intersección de las calles Alcalá y Alfonso XII, se encuentra la Plaza de la Independencia y en ella la famosa Puerta de Alcalá, una de las cinco puertas reales con las que contaba Madrid.

Dentro de las 125 hectáreas que posee el Parque de El Retiro, cuenta con varios jardines, más de 15000 árboles, una rosaleda, diferentes fuentes y esculturas. Se destaca el Estanque Grande, en donde se pueden alquilar botes a remo o hacer un recorrido privado en barco. Uno de los lugares más visitados es el Palacio de Cristal, con una arquitectura de hierro y con vidrios en todos sus lados, incluido el techo. El ingreso es gratuito y generalmente se realizan muestras de arte en su interior, se suelen formar grandes filas para el ingreso, por lo que recomiendo tomarlo con mucha paciencia. También alberga un club polideportivo, una biblioteca municipal, puestos de comidas y bebidas, un centro cultural y gran cantidad de senderos para caminar y hacer ejercicios.

Por la tarde nos juntamos con mi amiga Soraya y su esposo Seba, fuimos al Museo del Jamón, un lugar indispensable donde ir y comer el verdadero jamón serrano y una buena tortilla española. Estuvimos un rato hablando y nos guardaron una valija para nuestra vuelta a la ciudad, lo que nos ayudó mucho a liberar peso en el viaje. Para terminar el día y recuperar unas cuantas calorías, cenamos en una casa de comida rápida. A la mañana siguiente compré el desayuno nuevamente en Juicy Avenue y lo comimos en el departamento. Cerca de las 11 de la mañana salimos para el aeropuerto para tomar un avión a Marsella, nuestro próximo destino.

BONUS TRACK

Como comenté anteriormente, estuvimos viviendo en Madrid por poco más de siete meses, lo que me permitió conocer otros lugares de la ciudad que fui conociendo mientras realizaba trámites, compras por los diferentes barrios en los que estuvimos, entrevistas o caminatas para perder un poco de tiempo antes de entrar a trabajar o en mis días libres, por lo que dejo algunas fotos de diferentes lugares por los que estuvimos, algunos clásicos como el estadio del Real Madrid, la Plaza de Toros de Las Ventas o haciendo un paseo por el río Manzanares.

Volviendo a Londres

Para terminar nuestro segundo viaje por Europa, después de pasar por Ámsterdam, Dublín y Edimburgo, volvimos a Londres luego de nuestro paso por la ciudad el año anterior. En esta ocasión celebramos el cumpleaños de mi novia y navidad en una de nuestras ciudades favoritas.

Llegamos por la noche al aeropuerto de Stansted, ubicado a poco más de 50 km del centro de Londres. Para llegar a Liverpool Street Station hicimos una reserva en el tren Stansted Express, el costo es £14 por persona, un poco caro, pero es la opción más rápida y llega en menos de una hora. Si van a volar nuevamente desde ese aeropuerto, los tickets ida y vuelta cuestan £25.

Al llegar a la estación de Liverpool Street, tomamos un taxi hasta donde nos alojamos, Marlin Apartments Aldgate, en el barrio de Whitechapel. Una buena opción para reservar en pareja o familia, ya que cuenta con amplias habitaciones, cocina y comedor, muy útil para preparase uno mismo la comida. Hay varios hoteles de la misma cadena, este que elegimos está un poco alejado del centro, pero muy bien conectado con toda la ciudad, cerca de la famosa Brick Lane, del Tower Bridge y a menos de cinco minutos caminando de la estación Aldgate East del metro londinense. El único inconveniente que tuvimos fue al llegar, que no teníamos agua caliente, pero lo solucionaron a la mañana siguiente. Como llegamos de noche no fuimos a ningún lado, solo salí a comprar en Tesco.

Al día siguiente de que llegamos fue el cumpleaños de mi novia, al salir y por la cercanía, caminamos hasta el Tower Bridge, mi puente favorito en la ciudad, donde se puede hacer un recorrido por ambas torres, se cruza de una a otra por una pasarela con el piso vidriado. El costo del ingreso es de poco más de £10 para adultos y la mitad para menores de entre 5 y 15 años. Aprovechamos y pasamos por la feria navideña ubicada junto al puente, el City Hall Christmas Market, junto al ayuntamiento de Londres. Ahí compramos philly cheesesteaks, unos sándwiches de carne mechada con queso, una delicia, nachos para acompañar y bebidas por £20. Luego tomamos el tube (subte/metro) hasta Tottenham Court Road Station para ir a nuestro querido Primark a comprar ropa, como regalo de cumpleaños.

Por la noche y bajo la lluvia, nos tomamos un Uber hasta el Hippodrome Casino, que además de ser un lugar de apuestas y juegos de azar, cuenta con algunos restaurantes, entre ellos el que había reservado para cenar, el Heliot Steak House, que según las opiniones en internet, es uno de los mejores restaurantes de carne de la ciudad. Como entrada nos dieron un pan casero con algunas salsas y quesos, mi novia pidió cordero con batatas fritas y yo lomo con papas fritas. Para el postre y como les había dicho que era el cumpleaños de mi novia, colocaron un chocolate con un “Happy Birthday” escrito, un lindo detalle. Gastamos poco más de £70, pero valió la pena. Luego de terminar de comer bajamos y recorrimos el casino, al salir caminamos por Leicester Square, lugar ideal para tomar algo. Volvimos al hotel en Uber.

El día de navidad salimos al mediodía y almorzamos en Big Moe’s, un diner con ambientación de los años 50. Almorzamos unas hamburguesas y gastamos unas £30. Después de comprar unas cosas en el supermecado, nos tomamos el tube hasta Westmister, salimos de la estación junto al Big Ben y el Parlamento. Cruzamos el Westminster Bridge para llegar hasta el London Eye, un ícono de la ciudad e imprescindible para visitar, la entrada es un poco cara, £27.50 comprando por internet, pero se ahorra un algo de dinero (£31 en el lugar) y se evitan las largas colas, por lo que el ingreso es más rápido. En nuestro caso fue aún más rápido, ya que saqué el “fast track” y no hicimos fila. La vuelta entera dura unos 30 minutos, las capsulas pueden llevar hasta 20 personas, pero son amplias y todos pueden apreciar las vistas increíbles de toda la ciudad desde las alturas, cuenta con pantallas informativas en varios idiomas, que detallan cada lugar que se está viendo.

Al bajar nos quedamos en el mercado de Navidad que había allí, compramos algunos recuerdos para nosotros y otros para regalar. El Southbank Centre Winter Market cuenta, como la mayoría de estos mercadillos, con puestos de comida, bebidas calientes y alcohólicas, artesanías y regalos varios, espectáculos y atracciones para los más pequeños. Para merendar compramos unos waffles con Nutella y crema, para recuperar un poco las calorías gastadas. Volvimos al hotel en el tube y cocinamos la cena para esperar la llegada de la Navidad.

Southbank Centre Winter Market

Ya estaba al tanto de que el 25 de Diciembre estaría todo cerrado, ni siquiera funciona el transporte público. Igualmente decidimos salir y caminamos por Brick Lane, un clásico paseo con un mercado callejero, locales de comida y ropa vintage. Obviamente estaba todo cerrado, por lo que la salida duró poco y volvimos al hotel.

Calles con poca gente

El 26 de Diciembre es conocido como el “Boxing day”, lo que en un principio fue dirigido hacia las personas menos afortunadas, se les regalaba o donaba diferentes cosas luego de la Navidad. Hoy en día muchos comercios aprovechan para hacer rebajas este día, por lo que las calles suelen estar repletas de gente. Salimos después de almorzar y fuimos en el tube hasta Oxford Street y caminamos por Regent St hasta Piccadilly Circus, después por Coventry St y Charing Cross Rd. Entramos a algunos locales y compramos regalos, libros y algunas cosas más ya que al siguiente día teníamos el vuelo de vuelta. Por todas las calles que caminamos están las típicas luces y adornos navideños que iluminan la ciudad en esta época. Por último pasamos por el Palace Theatre, sitio en el cual se encuentra la obra de Harry Potter and The Cursed Child, cuyas entradas van desde las £15 hasta £80 por persona.

En nuestro último día en la ciudad y después de dejar nuestras valijas, salimos a caminar un poco, hicimos las últimas compras y almorzamos en una casa de comidas rápidas en la estación donde comenzó este viaje, en Liverpool Street Station. Después de esto volvimos al hotel a recoger el equipaje y nos fuimos en el tube hasta el aeropuerto de Heathrow, el más importante de Londres.

La hermosa Edimburgo

Aterrizamos en la ciudad poco antes de las dos de la tarde, para llegar al centro de la ciudad reservamos un traslado desde el aeropuerto, parecido al que utilizamos en Dublín, el servicio Airlink es de la empresa Lothian Buses, el costo para mi y para mi novia, de ida y vuelta, fue de £15 en total, hoy en día cuesta lo mismo. En menos de treinta minutos llegamos a Waverley Bridge, ubicado justo encima de la céntrica estación de tren, con el mismo nombre.

Desde allí, al ver que la calle era en bajada, decidimos ir caminando unas ocho cuadras hasta el hotel donde nos alojamos, el Holyrood ApartHotel, que como bien dice su nombre, es un apart-hotel y cuenta con grandes habitaciones, equipadas con una cocina, que permite gastar un poco menos en comida, a nosotros muchas veces nos gusta preparar nuestra propia comida y puede ser un buen ahorro.

Uno de los clásicos de esta ciudad son los callejones o “close”, en inglés, que hay para “entrar” a los edificios, hoteles y otras calles internas, que con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, fueron quedando cada vez más pequeños, pero que le dan un toque antiguo y pintoresco. Para llegar al hotel hay que pasar por uno de estos, que está en una de las calles de la Royal Mile, Canongate. Todos ellos tienen nombre, por algo distintivo del lugar al que conducían, o por personalidades de la ciudad. El “close” que lleva directo al hotel es el Coopers Cl. Junto a la entrada de este callejón se encuentra una famosa cafetería a la que decidimos entrar para calentar un poco el cuerpo y embarcarnos a conocer la ciudad.

Bajando por Canongate, no muy lejos, se encuentra el moderno e imponente edificio del Parlamento Escocés, el cual se puede visitar y hasta asistir a las sesiones parlamentarias. También se presentan allí algunos eventos y exhibiciones. Frente a esta se encuentra The Queen’s Gallery, con diferentes muestras de la Colección Real, da paso a la Abadía de Holyrood, lugar que sirvió en las coronaciones reales, sepultura de monarcas y otras personalidades de la realeza. Actualmente se encuentra en ruinas, para visitar ambas cosas se pueden conseguir tickets por unas £22 por persona.

Una de las calles más importantes de la ciudad es la llamada “Royal Mile” que conecta el Castillo de Edimburgo con el Palacio de Holyrood, en el corazón del casco antiguo de la ciudad. En ella se encuentran gran variedad de bares y restaurantes, tiendas de regalos y algunos monumentos importantes, entre ellos la Catedral de St. Giles. Se pueden ver rarezas, como una iglesia que fue reconvertida en un mercado, con venta de artesanías y recuerdo, entre otras cosas, y un muy curioso museo al que fuimos, el de la niñez o Museum of Childhood, con juguetes de todos los tiempos, un lindo recorrido.

Saliendo de la Royal Mile, recorrimos Victoria Street, una de las más lindas de la ciudad. Vimos The Elephant House, conocido café donde J.K. Rowling pasaba el tiempo escribiendo las historias de Harry Potter. Finalmente pasamos por el Cementerio Greyfriars, que rodea la capilla de Greyfriars Kirk. La entrada al mismo es pequeña, pero una vez dentro se puede ver que ocupa un gran lugar. Frente a la entrada del cementerio se encuentra una escultura al fiel perro conocido como Greyfriars Bobby, que según cuenta la leyenda, estuvo junto a la tumba de su dueño por 14 años, hasta su muerte. Hay muchas otras historias y leyendas sobre este cementerio. Uno de los “indispensables” del lugar es encontrar la tumba de Thomas Riddle, nombre que la autora anteriormente nombrada tomó para uno de los personajes de sus libros.

Llegamos a una de las atracciones más importantes de la ciudad, el Castillo de Edimburgo, ubicada en una colina desde la cual se ve gran parte de la ciudad, tanto la parte antigua como la más moderna. La visita al castillo cuesta £19.50 para mayores de 16 años, £10.50 para los chicos entre 5 y 15 años y gratis para los menores de 5 años. Nosotros no entramos, solo estuvimos dos días en la ciudad y decidimos dejarlo para la próxima vez que vayamos, porque vamos a volver. Nos quedamos descansando en la explanada previa a la entrada del castillo, donde anualmente se arman inmensas gradas para disfrutar del festival militar, que cuenta con desfiles, música y árte. Dentro del castillo se pueden ver diferentes muestras de la historia de Edimburgo.

Saliendo de allí, nos dirigimos a Princes Street para ver el famoso Scott Monument, en honor al autor escocés. Frente a este se encuentra el Princes Street Garden, donde es armado el mercado navideño durante el mes de Diciembre. Para no perder la costumbre y como en las demás ciudades que fuimos, visitamos los diferentes puestos de comida y regalos que suele haber, comimos las famosas salchichas alemanas (dos veces el mismo día) y compramos algunos recuerdos. Se encuentra también aquí el Santa Land para los más chicos, con juegos, carrusel, sillas voladoras y más atracciones. Para conocer la parte nueva de la ciudad, bajamos hasta el Boulevard George, rodeado de bares, cafés y tiendas de alta moda. Va desde la Charlotte Square hasta St. Andrew Square, por unas cuatro cuadras.

El día en el que nos íbamos nos levantamos temprano, salimos de la habitación y dejamos el equipaje en el hotel. Nos dirigimos a Calton Hill, una colina desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad. Por los monumentos que allí se encuentran se conoce a Edimburgo como la “Atenas del Norte”, gracias al Monumento Nacional que fue diseñado en honor a los caídos en las Guerras Napoleónicas, que increíblemente no fue terminado por falta de fondos. También se encuentra emplazado el Observatorio de la ciudad, el Monumento a Nelson, que cuenta con una “bola del tiempo” que indica a los marineros la llegada de la una de la tarde cuando esta cae y se complementó con el “Cañón de la una en punto” del Castillo de Edimburgo, que sirve para los días de poca visibilidad y este se puede escuchar. Otros monumentos que se pueden ver son Playfair Monument, The Portuguese Canon, Dugald Stewart Monument y Monument to Scottish Parliament.

Finalmente volvimos al hotel, buscamos las valijas y nos fuimos en taxi hasta Waverley Bridge para tomar el Airlink al aeropuerto y seguir nuestro viaje, para terminarlo en Londres. Nos dimos cuenta que los dos días que pasamos en la ciudad fueron pocos, por lo que no nos quedan dudas de que volveremos.